Hola! Herman@s Quiero compartir con ustedes Enseñanzas de los Maestros Ascendidos y de otros Maestros que han traído tanta Luz a nuestros corazones y hoy, nos pueden enseñar como hacerlo, teniéndolos a ellos como ejemplo y como guías invaluables, que a través del Amor Divino, iluminan nuestro camino hacia la Luz.
miércoles, 7 de febrero de 2018
ANAM CARA: CAPÍTULO 19
El ojo es como el alba
Veamos en primer término el sentido de la vista. En el ojo humano, la intensidad de la presencia humana se concentra de manera singular y se vuelve accesible. El universo encuentra su reflejo y comunión más profundos en él. Puedo imaginar a las montañas soñando con el advenimiento del ojo humano. Cuando se abre, es como si se produjera el alba en la noche. Al abrirse, encuentra un mundo nuevo. También es la madre de la distancia. Al abrirse, nos muestra que los otros y el mundo están fuera, distantes de nosotros. El acicate de tensión que ha animado a la filosofía occidental es el deseo de reunir el sujeto con el objeto. Acaso es el ojo como madre de la distancia quien los separa.
Pero en un sentido maravilloso, el ojo, como madre de la distancia, nos lleva a preguntarnos por el misterio y la alteridad de todo lo que está fuera de nosotros. En este sentido, el ojo es a la vez la madre de la intimidad, ya que acerca lo demás a nosotros. Cuando realmente contemplas algo, lo incorporas a ti. Se podría escribir una bella obra espiritual sobre la santidad de la contemplación. Lo opuesto de ésta es la mirada escrutadora. Cuando te escrutan, el ojo del Otro es un tirano. Te conviertes en objeto de la mirada del Otro de una forma humillante, invasora y amenazante.
jueves, 25 de enero de 2018
ANAM CARA: CAPITULO 18
El cuerpo como espejo del alma
El cuerpo es un sacramento. Nada lo expresa mejor que la antigua definición tradicional de sacramento, la señal visible de la gracia invisible. Esta definición reconoce sutilmente cómo el mundo invisible se expresa en el visible. El deseo de expresión yace en lo más profundo del mundo invisible. Toda nuestra vida interior y la intimidad del alma anhelan encontrar un espejo exterior. Anhelan una forma que les permita ser vistas, percibidas, palpadas. El cuerpo es el espejo donde se expresa el mundo secreto del alma. Es un umbral sagrado, merece que se lo respete, cuide y comprenda en su dimensión espiritual. Este sentido del cuerpo encuentra una bella expresión en una frase asombrosa de la tradición católica: El cuerpo es el templo del Espíritu Santo. El Espíritu Santo mantiene alerta y personificada la intimidad y la distancia de la Trinidad. Decir que el cuerpo es el templo del Espíritu Santo es reconocer que está imbuido de una divinidad salvaje y vital. Este concepto teológico revela que lo sensorial es sagrado en el sentido más profundo.
El cuerpo también es muy veraz. Sabes que por tu propia vida rara vez miente. Tu mente puede engañarte y alzar toda clase de barreras entre tú y tu naturaleza; pero tu cuerpo no miente. Si lo escuchas, te dirá cómo se encuentra tu vida y si la vives desde el alma o desde los laberintos de tu negativismo. La inteligencia del cuerpo es maravillosa. Todos nuestros movimientos, todo lo que hacemos, exige a cada uno de nuestros sentidos la más fina y detallada cooperación. El cuerpo humano es la totalidad más compleja, sutil y armoniosa.
El cuerpo es tu única casa en el universo. Es la casa de tu comunión con el mundo, un templo muy sagrado. AI contemplar en silencio el misterio de tu cuerpo, te acercas a la sabiduría y la santidad. Desgraciadamente, sólo cuando estamos enfermos comprendemos lo tierna, frágil y valiosa que es la casa de comunión que llamamos cuerpo. Cuando uno trabaja con personas enfermas o que aguardan una intervención quirúrgica, conviene alentarlas a que hablen con la parte de su cuerpo que está mal. Que le hablen como a un socio, le agradezcan los servicios prestados y los padecimientos sufridos y le pidan perdón por las presiones que haya soportado. Cada parte del cuerpo atesora los recuerdos de sus propias experiencias.
Tu cuerpo es esencialmente una multitud de miembros que trabajan armoniosamente para que tu comunión con el mundo sea posible. Debemos evitar este dualismo falso que separa el alma del cuerpo. El alma no se limita a estar en el cuerpo, oculta en alguno de sus recovecos. Antes bien, sucede lo contrario. Tu cuerpo está en el alma, que te abarca totalmente. Por eso te rodea una bella y secreta luz del alma. Este reconocimiento sugiere un nuevo arte de la oración: cierra los ojos y relaja tu cuerpo. Imagina que te rodea una luz, la de tu alma. Luego, con tu aliento, introduce esa luz en tu cuerpo y llévala a todos los rincones.
Es una bella forma de rezar porque introduces la luz del alma, el refugio esquivo que te rodea, en la tierra física y la arcilla de tu presencia. Una de las meditaciones más antiguas consiste en imaginar que exhalas la oscuridad, el residuo de carbón. Conviene estimular a los enfermos a que recen físicamente de esta manera. Cuando introduces la luz purificadora del alma en tu cuerpo, curas las partes descuidadas que están enfermas. Tu cuerpo tiene un conocimiento íntimo de ti; conoce íntegros tu espíritu y la vida de tu alma. Tu cuerpo conoce antes que tu mente el privilegio de estar aquí. También es consciente de la presencia de la muerte.
En tu presencia física corporal hay una sabiduría luminosa y profunda. Con frecuencia las enfermedades que nos asaltan son producto del descuido de nosotros mismos, de que no escuchamos la voz del cuerpo. Sus voces interiores quieren hablarnos, comunicarnos las verdades que hay bajo la superficie rígida de nuestra vida exterior.
ANAM CARA: CAP.17
El cuerpo es el ángel del alma
El cuerpo humano es hermoso. Estar corporizado es un gran privilegio. Te relacionas con un lugar a través de tu cuerpo. No es casual que el concepto de lugar siempre ha fascinado a los humanos. El lugar nos ofrece una patria; sin él, careceríamos literalmente de dónde. El paisaje es la última expresión del dónde, y en éste la casa que llamamos nuestra es nuestro lugar íntimo. La casa es decorada y personalizada; adopta el alma de sus habitantes y se vuelve espejo de su espíritu. Sin embargo, en el sentido más profundo, el cuerpo es el lugar más íntimo. Tu cuerpo es tu casa de arcilla; es la única patria que posees en este universo. En tu cuerpo y a través de él, tu alma se vuelve visible y real para ti. Tu cuerpo es la casa de tu alma en la Tierra.
A veces parece existir una misteriosa correspondencia entre el alma y la presencia física del cuerpo. Esto no es verdad en todos los casos, pero con frecuencia permite vislumbrar la naturaleza del mundo interior de la persona. Existe una relación secreta entre nuestro ser físico y el ritmo de nuestra alma. El cuerpo es el lugar donde se revela el alma. Un amigo de Conamara me dijo una vez que el cuerpo es el ángel del alma. El cuerpo es el ángel que expresa el alma y vela por ella; siempre debemos cuidarlo con amor. Con frecuencia se convierte en el chivo emisario de los desengaños y venenos de la mente. El cuerpo está rodeado por una inocencia primordial, una luminosidad y bondad increíbles. Es el ángel de la vida.
El cuerpo puede alojar un inmenso espectro e intensidad de presencia. El teatro lo ilustra de manera notable. El actor tiene suficiente espacio interior para asumir un personaje, dejar que lo habite totalmente, de manera que la voz, la mente y la acción de éste se expresan de manera sutil e inmediata a través del cuerpo de aquél. El cuerpo encuentra su expresión más exuberante en el maravilloso teatro de la danza, esa escultura en movimiento. El cuerpo da forma al vacío de manera conmovedora, majestuosa. Un ejemplo emocionante de ello es la danza sean nos de la tradición irlandesa, en la cual el bailarín expresa con su cuerpo la agitación salvaje de la música.
Se cometen muchos pecados contra el cuerpo, incluso en una religión basada en la Encarnación. En la religión se presenta al cuerpo como la fuente del mal, la ambigüedad, la lujuria y la seducción. Es un concepto falso e irreverente. El cuerpo es sagrado. Estas concepciones negativas se originan en gran medida en las interpretaciones falsas de la filosofía griega. La belleza del pensamiento griego reside precisamente en que destacaba lo divino.
Éste los acechaba y ellos trataban de reflejarlo, hallar en el lenguaje y el concepto una expresión de su presencia. Eran muy conscientes del peso del cuerpo y cómo parecía arrastrar a lo divino hacia la Tierra. Malinterpretaron esta atracción terrena, viendo en ella un conflicto con el mundo de lo divino. No concebían la Encarnación ni tenían la menor idea de la Resurrección.
Cuando la tradición cristiana incorporó la filosofía griega, introdujo este dualismo en su mundo intelectual. Se concebía al alma como algo bello, luminoso, bueno. El deseo de estar con Dios era propio de su naturaleza. Si no fuera por el peso indeseable del cuerpo, el alma habitaría constantemente lo eterno. Así, el cuerpo se volvió sospechoso en la tradición cristiana. Jamás floreció en ella una teología del amor erótico. Uno de los pocos textos donde aparece lo erótico es el bello Cantar de los Cantares, que celebra lo sensual y sensorial con maravillosa pasión y ternura. Este texto es una excepción, y sorprende su admisión en el canon de las Escrituras. En la tradición cristiana posterior, y sobre todo en la Patrística, el cuerpo es objeto de suspicacia y hay una obsesión negativa por la sexualidad. El sexo y la sexualidad aparecen como peligros en el camino de la salvación eterna. La tradición cristiana suele denigrar y maltratar la presencia sagrada del cuerpo. Sin embargo, ha servido de maravillosa fuente de inspiración para los artistas. Un bello ejemplo es El éxtasis de santa Teresa de Bernini, donde el cuerpo de la santa es presa de un rapto en el cual lo sensorial es inseparable de lo místico
ANAM CARA: CAPÍTULO 16
LA INFINITUD DE TU INTERIORIDAD
La persona humana es un umbral donde se encuentran muchas infinitudes: la del espacio que se extiende hasta los confines del cosmos; la del tiempo que se remonta a miles de millones de años; la del microcosmos, acaso una mota en tu pulgar que contiene un cosmos interior, tan pequeño que es invisible para el ojo. La infinitud en lo microscópico es tan deslumbrante como la del cosmos. Sin embargo, la que acosa a todos y que nadie puede suprimir, es la de la propia interioridad. Detrás de cada rostro humano se oculta un mundo. En algunos se hace visible la vulnerabilidad de haber conocido esa profundidad oculta.
Cuando miras ciertas caras, ves aflorar la turbulencia del infinito. Ese momento puede producirse en la mirada de un extraño o durante una conversación con un conocido. Bruscamente, sin intención ni conciencia de ello, la mirada se vuelve vehículo de una presencia interior primordial. Dura un segundo, pero en ese brevísimo ínterin, aflora algo más que la persona. Otra infinitud, aún no nata, empieza a asomar. Te sientes contemplado desde la insondable eternidad. Esa infinitud que te mira viene de un tiempo antiguo. No podemos aislamos de lo eterno. Inesperadamente nos mira y nos perturba desde las súbitas oquedades de nuestra vida rígida. Una amiga aficionada a los encajes suele decirme que la belleza de estos adornos reside en los agujeros. Nuestra experiencia tiene la estructura de un encaje.ANAM CARA: CAPÍTULO 15
LA SANTIDAD DE LA MIRADA
En Sudamérica, un periodista amigo mío conoció a un viejo jefe indígena a quien quería entrevistar. El jefe accedió con la condición de que previamente pasaran algún tiempo juntos. El periodista dio por sentado que tendrían una conversación normal. Pero el jefe se apartó con él y lo miró a los ojos, largamente y en silencio. Al principio, mi amigo sintió terror: le parecía que su vida estaba totalmente expuesta a la mirada y el silencio de un extraño. Después, el periodista empezó a profundizar su propia mirada. Así se contemplaron durante más de dos horas. Al cabo de ese tiempo, era como si se hubieran conocido toda la vida. La entrevista era innecesaria. En cierto sentido, mirar la cara de otro es penetrar a lo más profundo de su vida.
ANAM CARA.- CAP.14
HACIA UNA ESPIRITUALIDAD DE LOS SENTIDOS: LA CARA ES EL ICONO DE LA CREACIÓN
La cara humana es un milagro artístico. En esa superficie pequeña se puede expresar una variedad e intensidad increíble de presencia. No existen dos rostros idénticos. En cada uno hay una variación particular de presencia. Cuando amas a otro, durante una separación prolongada es hermoso recibir una carta, una llamada telefónica o intuir la presencia de la persona amada. Pero es más profunda la emoción del regreso, porque ver el rostro amado es entonces una fiesta. En ese rostro ves la intensidad y la profundidad de la presencia amorosa que te contempla y viene a tu encuentro. Es hermoso volver a verte. En África ciertos saludos significan «te veo». En Conamara, la expresión empleada para decirle a alguien que es admirado o popular es: Tá agaidh an phobail ort, es decir, «el rostro del pueblo se vuelve hacia ti».
Cuando vives en el silencio y la soledad del campo, las ciudades te sobresaltan. Hay muchas caras en ellas: rostros extraños que pasan rápida e intensamente. Cuando los miras, ves la imagen de la intimidad particular de su vida. En cierto sentido, la cara es el icono del cuerpo, el lugar donde se manifiesta el mundo interior de la persona. El rostro humano es la autobiografía sutil pero visual de cada persona. Por más que ocultes la historia recóndita de tu vida, jamás podrás esconder tu cara. Ésta revela el alma; es el lugar donde la divinidad de la vida interior encuentra su eco e imagen. Cuando contemplas un rostro, miras en lo profundo de una vida.
lunes, 22 de enero de 2018
POR EL ESPÍRITU DEL SOL.- CAP. 5: CURAR LA MEMORIA
Alep - 22 de julio
Desde la terraza del hotel A., la vista de Alep es magnífica. Dominando el inmenso mosaico de casas de tejados planos y de cúpulas de las pequeñas mezquitas, la alcazaba encaramada en su bloque de roca parece devolvernos el eco del fascinante pasado de la ciudad. Alep es la ciudad habitada más antigua de toda Siria, y
su encanto, bajo los rayos rosa y oro del sol poniente, ejerce toda su magia en nosotros. Las imágenes saturadas de calor del día que acaba desfilan apaciblemente en nuestra memoria, pero vuelven una y otra vez a un mismo punto, allí, en algún lugar entre los millares de callejuelas en las que la vida hierve alrededor de
tenderetes improvisados. El recuerdo de lo que ha ocurrido algunas horas antes persiste con tal insistencia...
En el tumulto de los zocos, sin que pudiéramos comprender explícitamente el motivo, algo ocurrió y ambos, en el mismo instante, nos dimos media vuelta. A veinte pasos de nosotros había tres hombres, tres siluetas blancas, altas y fascinantes, vestidas de largas túnicas, que dominaban toda la muchedumbre de curiosos y
parecían mirarnos con aire divertido. Era imposible vislumbrar sus rostros...
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