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miércoles, 7 de febrero de 2018

ANAM CARA: CAPITULO 23


El cuerpo es tu única casa
Es algo misterioso que el cuerpo humano sea arcilla. El in­dividuo es el lugar de encuentro de los cuatro elementos. La persona es una forma de arcilla que vive en el medio aéreo. Pero el fuego de la sangre, el pensamiento y el alma discurre por el cuerpo. Toda su vida y energía discurren por el círculo sutil del elemento acuático. Hemos surgido ¿e las profundidades de la Tierra. Piensa en los millones de continentes de arcilla que jamás tendrán la oportunidad de abandonar este mundo subterráneo. La arcilla jamás en­contrará una forma para ascender y expresarse en el mun­do de la luz, sino que vivirá eternamente en la tierra ignota de las sombras. Por este motivo, la idea celta que sostiene que el mundo subterráneo no es oscuro, sino un mundo de espíritus, es muy hermosa. En Irlanda se cree que Tuatha Dé Dannan, la tribu celta desterrada de la superficie de Ir­landa, vive en el mundo subterráneo. Desde allí gobiernan la fertilidad de la tierra. Por consiguiente, cuando un rey era coronado, se desposaba simbólicamente con la diosa.

ANAM CARA: CAPITULO 22


Nacer es ser elegido
Nacer es ser elegido. Nadie está aquí por casualidad. Cada uno fue enviado a cumplir un destino particular. A veces el significado profundo de un suceso sale a la luz cuando se lo interpreta de manera espiritual. Considérese el momento de la concepción: las posibilidades son infinitas. Pero en la mayoría de los casos se concibe un solo niño. Esto parece sugerir la intervención de cierta selectividad. Ésta sugiere a su vez la presencia de una providencia protectora que te soñó, te creó y se ocupa de tí. Nadie te consultó acerca de los grandes problemas que forjan tu destino: cuándo ha­brías de nacer, dónde y de qué padres. Imagina la diferen­cia en tu vida si hubieras nacido en la casa vecina. No se te ofreció un destino para elegir. Dicho de otra manera. Se dispuso un destino especial para ti. Pero también se te dio libertad y creatividad para trascender los dones, crear un conjunto de nuevas relaciones y forjar una identidad cons­tantemente renovada, que incluye la vieja pero no se limita a ella. Éste es el ritmo secreto del crecimiento, que obra dis­cretamente detrás de la fachada exterior de tu vida. El des­tino crea el marco exterior de la experiencia y la vida; la li­bertad encuentra y llena su forma interior.

ANAM CARA: CAPITULO 21


TU SOLEDAD ES LUMINOSA
El mundo del alma es secreto
Nací en un valle de piedra caliza. Vivir en un valle es tener un cielo secreto. La vida está enmarcada por el horizon­te. Éste protege la vida, pero a la vez remite constantemente al ojo a nuevas fronteras y posibilidades. La presencia del océano acentúa el misterio del paisaje. Durante millones de años se ha desarrollado una antigua conversación entre el coro del océano y el silencio de la piedra.
En este paisaje no hay dos piedras idénticas. Cada una tiene un rostro propio. Con frecuencia, la caricia de la luz destaca la presencia tímida de cada piedra. Se diría que un dios desenfrenado y surrealista creó este paisaje. Las pie­dras, siempre pacientes y mudas, celebran el silencio del tiempo. El paisaje irlandés está lleno de recuerdos; contie­ne las ruinas y. los rastros de civilizaciones antiguas. El pai­saje tiene una curvatura, un color y una forma desconcertantes para el ojo que anhela la simetría o la sencillez li­neal.

ANAM CARA: CAPITULO 20


Fragancia y aliento
El sentido del olfato o la fragancia es sutil e inmediato. Los especialistas dicen que el olfato es el más fiel de los sentidos por lo que se refiere a la memoria. Todos conservamos los olores de la infancia. Es increíble que un aroma de la calle o de una habitación pueda evocar recuerdos de experiencias largamente olvidadas. Desde luego, los animales poseen un sentido del olfato maravillosamente útil. Al pasear un pe­rro uno se da cuenta de que su percepción del paisaje es en­teramente distinta, ya que sigue caminos determinados por los olores y vive aventuras al rastrear senderos invisi­bles por todas partes. Cada día respiramos veintitrés mil cuarenta veces; poseemos cinco millones de células olfato­rias. Un perro ovejero tiene doscientos veinte millones de esas células. El sentido del olfato es tan poderoso en el mundo animal porque ayuda a la supervivencia al alertar sobre el peligro; es vital para el sentido de la vida.
Tradicionalmente se decía que el aliento era el camino por el que el alma entraba en el cuerpo. La respiración siempre se hace a pares, salvo en los casos del primer y últi­mo suspiros. Una de las designaciones más antiguas de Dios es la palabra hebrea Ruach, que también significa aire o viento. La palabra sugiere que Dios era como el aliento o el viento debido a la fuerza y poder increíbles de la divini­dad. En la tradición cristiana, el misterio de la Trinidad su­giere que el Espíritu Santo surge debido a la separación del Padre y el Hijo; el término técnico es spiratio. Esta concep­ción antigua vincula la creatividad irrefrenable del Espíritu con el aliento del alma en la persona humana. El aliento también es una metáfora apropiada porque la divinidad, como aquél, es invisible. El mundo del pensamiento reside en el aire. Todos nuestros pensamientos suceden en ese ele­mento. Debemos nuestros mayores pensamientos a la gene­rosidad del aire. Es la raíz de la idea de inspiración, ya que uno inspira o incorpora con el aliento los pensamientos conteni­dos en el elemento aire.
La inspiración no se puede progra­mar.

ANAM CARA: CAPÍTULO 19


El ojo es como el alba
Veamos en primer término el sentido de la vista. En el ojo humano, la intensidad de la presencia humana se concen­tra de manera singular y se vuelve accesible. El universo en­cuentra su reflejo y comunión más profundos en él. Puedo imaginar a las montañas soñando con el advenimiento del ojo humano. Cuando se abre, es como si se produjera el alba en la noche. Al abrirse, encuentra un mundo nuevo. Tam­bién es la madre de la distancia. Al abrirse, nos muestra que los otros y el mundo están fuera, distantes de nosotros. El acicate de tensión que ha animado a la filosofía occidental es el deseo de reunir el sujeto con el objeto. Acaso es el ojo como madre de la distancia quien los separa.
Pero en un sentido maravilloso, el ojo, como madre de la distancia, nos lleva a preguntarnos por el misterio y la alteridad de todo lo que está fuera de nosotros. En este senti­do, el ojo es a la vez la madre de la intimidad, ya que acerca lo demás a nosotros. Cuando realmente contemplas algo, lo incorporas a ti. Se podría escribir una bella obra espiritual sobre la santidad de la contemplación. Lo opuesto de ésta es la mirada escrutadora. Cuando te escrutan, el ojo del Otro es un tirano. Te conviertes en objeto de la mirada del Otro de una forma humillante, invasora y amenazante.

jueves, 25 de enero de 2018

ANAM CARA: CAPITULO 18

El cuerpo como espejo del alma

El cuerpo es un sacramento. Nada lo expresa mejor que la antigua definición tradicional de sacramento, la señal visi­ble de la gracia invisible. Esta definición reconoce sutil­mente cómo el mundo invisible se expresa en el visible. El deseo de expresión yace en lo más profundo del mundo in­visible. Toda nuestra vida interior y la intimidad del alma anhelan encontrar un espejo exterior. Anhelan una forma que les permita ser vistas, percibidas, palpadas. El cuerpo es el espejo donde se expresa el mundo secreto del alma. Es un umbral sagrado, merece que se lo respete, cuide y com­prenda en su dimensión espiritual. Este sentido del cuerpo encuentra una bella expresión en una frase asombrosa de la tradición católica: El cuerpo es el templo del Espíritu San­to. El Espíritu Santo mantiene alerta y personificada la inti­midad y la distancia de la Trinidad. Decir que el cuerpo es el templo del Espíritu Santo es reconocer que está imbuido de una divinidad salvaje y vital. Este concepto teológico revela que lo sensorial es sagrado en el sentido más profundo.

El cuerpo también es muy veraz. Sabes que por tu pro­pia vida rara vez miente. Tu mente puede engañarte y alzar toda clase de barreras entre tú y tu naturaleza; pero tu cuerpo no miente. Si lo escuchas, te dirá cómo se encuentra tu vida y si la vives desde el alma o desde los laberintos de tu negativismo. La inteligencia del cuerpo es maravillosa. Todos nuestros movimientos, todo lo que hacemos, exige a cada uno de nuestros sentidos la más fina y detallada coo­peración. El cuerpo humano es la totalidad más compleja, sutil y armoniosa.





El cuerpo es tu única casa en el universo. Es la casa de tu comunión con el mundo, un templo muy sagrado. AI contemplar en silencio el misterio de tu cuerpo, te acercas a la sabiduría y la santidad. Desgraciadamente, sólo cuando estamos enfermos comprendemos lo tierna, frágil y valio­sa que es la casa de comunión que llamamos cuerpo. Cuando uno trabaja con personas enfermas o que aguardan una in­tervención quirúrgica, conviene alentarlas a que hablen con la parte de su cuerpo que está mal. Que le hablen como a un socio, le agradezcan los servicios prestados y los pade­cimientos sufridos y le pidan perdón por las presiones que haya soportado. Cada parte del cuerpo atesora los recuer­dos de sus propias experiencias.

Tu cuerpo es esencialmente una multitud de miem­bros que trabajan armoniosamente para que tu comunión con el mundo sea posible. Debemos evitar este dualismo falso que separa el alma del cuerpo. El alma no se limita a estar en el cuerpo, oculta en alguno de sus recovecos. Antes bien, sucede lo contrario. Tu cuerpo está en el alma, que te abarca totalmente. Por eso te rodea una bella y secreta luz del alma. Este reconocimiento sugiere un nuevo arte de la oración: cierra los ojos y relaja tu cuerpo. Imagina que te rodea una luz, la de tu alma. Luego, con tu aliento, intro­duce esa luz en tu cuerpo y llévala a todos los rincones.

Es una bella forma de rezar porque introduces la luz del alma, el refugio esquivo que te rodea, en la tierra física y la arcilla de tu presencia. Una de las meditaciones más antiguas consiste en imaginar que exhalas la oscuridad, el residuo de carbón. Conviene estimular a los enfermos a que recen físicamente de esta manera. Cuando introduces la luz purificadora del alma en tu cuerpo, curas las partes des­cuidadas que están enfermas. Tu cuerpo tiene un conoci­miento íntimo de ti; conoce íntegros tu espíritu y la vida de tu alma. Tu cuerpo conoce antes que tu mente el privilegio de estar aquí. También es consciente de la presencia de la muerte.
 En tu presencia física corporal hay una sa­biduría luminosa y profunda. Con frecuencia las enfer­medades que nos asaltan son producto del descuido de noso­tros mismos, de que no escuchamos la voz del cuerpo. Sus voces interiores quieren hablarnos, comunicarnos las verdades que hay bajo la superficie rígida de nuestra vida exterior.

ANAM CARA: CAP.17

El cuerpo es el ángel del alma

El cuerpo humano es hermoso. Estar corporizado es un gran privilegio. Te relacionas con un lugar a través de tu cuerpo. No es casual que el concepto de lugar siempre ha fascinado a los humanos. El lugar nos ofrece una patria; sin él, careceríamos literalmente de dónde. El paisaje es la últi­ma expresión del dónde, y en éste la casa que llamamos nuestra es nuestro lugar íntimo. La casa es decorada y per­sonalizada; adopta el alma de sus habitantes y se vuelve es­pejo de su espíritu. Sin embargo, en el sentido más profun­do, el cuerpo es el lugar más íntimo. Tu cuerpo es tu casa de arcilla; es la única patria que posees en este universo. En tu cuerpo y a través de él, tu alma se vuelve visible y real para ti. Tu cuerpo es la casa de tu alma en la Tierra.

A veces parece existir una misteriosa correspondencia entre el alma y la presencia física del cuerpo. Esto no es ver­dad en todos los casos, pero con frecuencia permite vis­lumbrar la naturaleza del mundo interior de la persona. Existe una relación secreta entre nuestro ser físico y el ritmo de nuestra alma. El cuerpo es el lugar donde se revela el alma. Un amigo de Conamara me dijo una vez que el cuerpo es el ángel del alma. El cuerpo es el ángel que expresa el alma y vela por ella; siempre debemos cuidarlo con amor. Con frecuencia se convierte en el chivo emisario de los desenga­ños y venenos de la mente. El cuerpo está rodeado por una inocencia primordial, una luminosidad y bondad increí­bles. Es el ángel de la vida.

El cuerpo puede alojar un inmenso espectro e intensi­dad de presencia. El teatro lo ilustra de manera notable. El actor tiene suficiente espacio interior para asumir un per­sonaje, dejar que lo habite totalmente, de manera que la voz, la mente y la acción de éste se expresan de manera sutil e inmediata a través del cuerpo de aquél. El cuerpo encuen­tra su expresión más exuberante en el maravilloso teatro de la danza, esa escultura en movimiento. El cuerpo da forma al vacío de manera conmovedora, majestuosa. Un ejemplo emocionante de ello es la danza sean nos de la tradición ir­landesa, en la cual el bailarín expresa con su cuerpo la agi­tación salvaje de la música.

Se cometen muchos pecados contra el cuerpo, incluso en una religión basada en la Encarnación. En la religión se presenta al cuerpo como la fuente del mal, la ambigüedad, la lujuria y la seducción. Es un concepto falso e irreverente. El cuerpo es sagrado. Estas concepciones negativas se ori­ginan en gran medida en las interpretaciones falsas de la filosofía griega. La belleza del pensamiento griego reside precisamente en que destacaba lo divino. 



Éste los acechaba y ellos trataban de reflejarlo, hallar en el lenguaje y el con­cepto una expresión de su presencia. Eran muy conscientes del peso del cuerpo y cómo parecía arrastrar a lo divino hacia la Tierra. Malinterpretaron esta atracción terrena, viendo en ella un conflicto con el mundo de lo divino. No concebían la Encarnación ni tenían la menor idea de la Re­surrección.

Cuando la tradición cristiana incorporó la filosofía griega, introdujo este dualismo en su mundo intelectual. Se concebía al alma como algo bello, luminoso, bueno. El deseo de estar con Dios era propio de su naturaleza. Si no fuera por el peso indeseable del cuerpo, el alma habitaría constantemente lo eterno. Así, el cuerpo se volvió sospe­choso en la tradición cristiana. Jamás floreció en ella una teología del amor erótico. Uno de los pocos textos donde aparece lo erótico es el bello Cantar de los Cantares, que ce­lebra lo sensual y sensorial con maravillosa pasión y ternu­ra. Este texto es una excepción, y sorprende su admisión en el canon de las Escrituras. En la tradición cristiana poste­rior, y sobre todo en la Patrística, el cuerpo es objeto de suspicacia y hay una obsesión negativa por la sexualidad. El sexo y la sexualidad aparecen como peligros en el camino de la salvación eterna. La tradición cristiana suele denigrar y maltratar la presencia sagrada del cuerpo. Sin embargo, ha servido de maravillosa fuente de inspiración para los ar­tistas. Un bello ejemplo es El éxtasis de santa Teresa de Bernini, donde el cuerpo de la santa es presa de un rapto en el cual lo sensorial es inseparable de lo místico

ANAM CARA: CAPÍTULO 16

LA INFINITUD DE TU INTERIORIDAD


  La persona humana es un umbral donde se encuentran muchas infinitudes: la del espacio que se extiende hasta los confines del cosmos; la del tiempo que se remonta a miles de millones de años; la del microcosmos, acaso una mota en tu pulgar que contiene un cosmos interior, tan pequeño que es invisible para el ojo. La infinitud en lo microscópico es tan deslumbrante como la del cosmos. Sin embargo, la que acosa a todos y que nadie puede suprimir, es la de la pro­pia interioridad. Detrás de cada rostro humano se oculta un mundo. En algunos se hace visible la vulnerabilidad de haber conocido esa profundidad oculta.

Cuando miras ciertas caras, ves aflorar la turbulencia del infinito. Ese mo­mento puede producirse en la mirada de un extraño o duran­te una conversación con un conocido. Bruscamente, sin intención ni conciencia de ello, la mirada se vuelve vehículo de una presencia interior primordial. Dura un segundo, pero en ese brevísimo ínterin, aflora algo más que la perso­na. Otra infinitud, aún no nata, empieza a asomar. Te sientes contemplado desde la insondable eternidad. Esa infinitud que te mira viene de un tiempo antiguo. No podemos ais­lamos de lo eterno. Inesperadamente nos mira y nos pertur­ba desde las súbitas oquedades de nuestra vida rígida. Una amiga aficionada a los encajes suele decirme que la belle­za de estos adornos reside en los agujeros. Nuestra experien­cia tiene la estructura de un encaje.

ANAM CARA: CAPÍTULO 15


LA SANTIDAD DE LA MIRADA


  En Sudamérica, un periodista amigo mío conoció a un vie­jo jefe indígena a quien quería entrevistar. El jefe accedió con la condición de que previamente pasaran algún tiem­po juntos. El periodista dio por sentado que tendrían una conversación normal. Pero el jefe se apartó con él y lo miró a los ojos, largamente y en silencio. Al principio, mi amigo sintió terror: le parecía que su vida estaba totalmente ex­puesta a la mirada y el silencio de un extraño. Después, el periodista empezó a profundizar su propia mirada. Así se contemplaron durante más de dos horas. Al cabo de ese tiempo, era como si se hubieran conocido toda la vida. La entrevista era innecesaria. En cierto sentido, mirar la cara de otro es penetrar a lo más profundo de su vida.

ANAM CARA.- CAP.14


HACIA UNA ESPIRITUALIDAD DE LOS SENTIDOS: LA CARA ES EL ICONO DE LA CREACIÓN
 
El paisaje es el primogénito de la creación. Existía cientos de millones de años antes de que aparecieran las flores, los animales o el ser humano. Estaba aquí por su cuenta. Es la presencia más antigua en el mundo, aunque necesita una presencia humana que lo reconozca. Cabe imaginar que los océanos enmudecieron y los vientos se sosegaron cuando apareció el primer rostro humano sobre la Tierra; es lo más asombroso de la creación. En el rostro humano el universo anónimo adquiere intimidad. El sueño de los vientos y los océanos, el silencio de las estrellas y las montañas alcanza­ron una presencia materna en la cara. Aquí se expresa el calor secreto, oculto de la creación. La cara es el icono de la creación. En la mente humana, el universo entra en resonancia consigo mismo. La cara es el espejo de la mente. En el ser humano, la creación encuentra la respuesta a su muda súplica de intimidad. En el espejo de la mente la difusa e interminable naturaleza puede contemplarse.


La cara humana es un milagro artístico. En esa superfi­cie pequeña se puede expresar una variedad e intensidad increíble de presencia. No existen dos rostros idénticos. En cada uno hay una variación particular de presencia. Cuan­do amas a otro, durante una separación prolongada es her­moso recibir una carta, una llamada telefónica o intuir la presencia de la persona amada. Pero es más profunda la emo­ción del regreso, porque ver el rostro amado es entonces una fiesta. En ese rostro ves la intensidad y la profundidad de la presencia amorosa que te contempla y viene a tu en­cuentro. Es hermoso volver a verte. En África ciertos saludos significan «te veo». En Conamara, la expresión empleada para decirle a alguien que es admirado o popular es: Tá agaidh an phobail ort, es decir, «el rostro del pueblo se vuel­ve hacia ti».


Cuando vives en el silencio y la soledad del campo, las ciudades te sobresaltan. Hay muchas caras en ellas: rostros extraños que pasan rápida e intensamente. Cuando los mi­ras, ves la imagen de la intimidad particular de su vida. En cierto sentido, la cara es el icono del cuerpo, el lugar donde se manifiesta el mundo interior de la persona. El rostro hu­mano es la autobiografía sutil pero visual de cada persona. Por más que ocultes la historia recóndita de tu vida, jamás podrás esconder tu cara. Ésta revela el alma; es el lugar donde la divinidad de la vida interior encuentra su eco e imagen. Cuando contemplas un rostro, miras en lo pro­fundo de una vida.

martes, 2 de enero de 2018

ANAM CARA:- CAP. 13


EL DON HERIDO.
Uno de los grandes poderes del amor es el equilibrio, que nos ayuda a alcanzar la transfiguración. Cuando dos per­sonas se unen, un círculo antiguo se cierra en tomo de ellos. Asimismo, no llegan a la unión con manos vacías, sino repletas de obsequios. Con frecuencia éstos donde están heri­dos; entonces despierta la dimensión curativa del amor. Cuando amas de verdad a otro, lo baña la luz de tu alma. La naturaleza nos enseña que la luz del sol hace crecer todas las cosas. Si contemplas las flores en un alba de primavera, verás que están cerradas. Cuando las toca el sol, se abren confiadas y se entregan a la nueva luz.
Cuando amas a una persona que está muy herida, una de las peores cosas que puedes hacer es convertir su dolor en objeto de discusión. En estos casos, una extraña diná­mica despierta en el alma. Se vuelve un hábito, una pauta re­currente. Con frecuencia conviene reconocer la presencia de la herida, pero alejarse de ella. Cada vez que tengas la oportunidad, báñala con la suave luz del alma. Recuerda que existen mentes antiguas de renovación en el círculo que los une. El destino de tu amor jamás depende solamente de los recursos frágiles de las subjetividades de ambos. Puedes invocar el poder curativo de la tercera fuerza lumi­nosa entre ambos; ésta puede aportar perdón, consuelo y cu­ración en tiempos escabrosos.
Cuando amas a alguien, es destructivo raspar obsesi­vamente la arcilla de tu arraigo. Es conveniente no interfe­rir en tu amor. Dos personas que se aman jamás deben sen­tirse obligadas a explicar su amor a un tercero o el porqué de su unión. Su comunión es un lugar secreta Sus Almas conocen el secreto de su unión; deben confiar en ella. Si interfieres constantemente en tu conexión con el otro, con tu amante o tu anam cara, poco a poco provocas una distancia entre los dos. Thom Gunn ha escrito un bonito epigrama de dos líneas que se titula Jamesian, por el nombre de Henry James, el más preciso y sutil de los novelistas. Sus descripciones constan de finísimos matices e infinitos puntos de vista. Un análisis tan puntilloso puede volverse obsesivo, hasta el punto de destruir la presencia lírica del amor.

viernes, 22 de diciembre de 2017

ANAM CARA: LA TRANSFRIGURACIÓN DE LOS SENTIDOS.- CAP. XII


La transfiguración de los sentidos
Los místicos son los más fiables en el campo del amor sensual. En sus escritos está implícita una luminosa teología de la sensualidad. Jamás preconizan la negación de los sentidos, sino su transfiguración.
Los místicos reconocen que existe cierta gravedad o lado tenebroso de eros y que a veces predomina. La luz del alma puede transfigurar esta tendencia y aportar a ella equilibrio y aplomo. La belleza de las reflexiones místicas sobre eros nos recuerda que éste es en última instancia la energía de la creatividad divina. En la transfiguración de lo sensual, el frenesí de eros y la alegría del alma entran en lírica armonía.
La Irlanda moderna ha debido recorrer un camino complejo y tortuoso para reconocer y aceptar a eros.
La antigua tradición irlandesa reconocía el poder de eros y el amor erótico con maravillosa vitalidad.
Una de sus expresiones más interesantes es el poema de Brian Merriman titulado Cúirt an Mheáin Oidhce, «El patio a medianoche», del siglo XVIII.

ANAM CARA: EL ALMA COMO ECO DIVINO.- CAP. XI


El alma como eco divino
Tanto amor y comunión están a nuestro alcance porque el alma contiene el eco de una intimidad primordial. Cuando hablan de cosas primordiales, los alemanes emplean el término ursprungliche Dinge: «cosas originales».
Hay una Ur-Intimitat in der Seele, es decir, «una intimidad primordial en el alma»; este eco está en todos. El alma no se inventó a sí misma. Es una presencia del mundo divino, donde la intimidad no tiene límites ni barreras.
No puedes amar a otro si no estás empeñado al mismo tiempo en la obra espiritual, hermosa pero difícil, de aprender a amarte a tí mismo. Cada uno de nosotros tiene al nivel del alma un manantial enriquecedor de amor.
En otras palabras, no necesitas buscar fuera de ti el significado del amor. Esto no es egoísmo ni narcisismo, obsesiones negativas sobre la necesidad de ser amado.

ANAM CARA: EL CÍRCULO DE COMUNIÓN .- CAP. X


El círculo de comunión
Para reflejar esto se necesita una palabra más vibrante que la tan trillada «relación». Las frases como «se cierra un círculo antiguo» y «un anhelo antiguo despierta y toma conciencia de sí» ayudan a revelar el significado profundo y el misterio del encuentro. Expresan en el lenguaje sacro del alma la unicidad y la intimidad del amor. Cuando dos personas se aman, se genera una tercera fuerza entre ellas.
Una amistad interrumpida no siempre se restaura con horas interminables de análisis y consejos. Es necesario modificar el ritmo de los encuentros y reanudar el contactó con la antigua comunión que los reunió. Esta antigua afinidad os mantendrá unidos si invocáis su poder y su presencia.
Dos personas realmente despiertas habitan un círculo de comunión. Han despertado una fuerza más antigua que los envolverá y abrigará.
La amistad exige que se la alimente.

La gente suele dedicar su atención principalmente a los hechos de la vida, su situación, trabajo y categoría social.
Vuelcan sus mayores energías al hacer.

ANAM CARA: El amor como reconocimiento antiguo .- Cap. IX


El amor como reconocimiento antiguo
La verdadera amistad o el amor no se fabrican ni conquistan.

La amistad siempre es un acto de reconocimiento.
Esta metáfora se puede hundir en la naturaleza arcillosa del cuerpo humano.
Cuando encuentras a la persona que amas, un acto de reconocimiento antiguo os reúne. Es como si millones de años antes de que la naturaleza rompiera su silencio, su arcilla y la tuya yacieran juntas.
Luego, en el ciclo de las estaciones, esa arcilla única se dividió y separó. Cada uno se alzó como formas individuales de arcilla que alojaban su individualidad y destino.
Sin saberlo, vuestras memorias secretas lloraban la ausencia mutua. Mientras vuestros seres de arcilla deambulaban durante miles de años por el universo, el anhelo del otro nunca decayó.
Esta metáfora permite explicar cómo se reconocen súbitamente dos almas en el momento de la amistad.
Puede ser un encuentro en la calle, en una fiesta, en una conferencia, una presentación banal, y en ese momento se produce el rayo del reconocimiento que enciende las brasas de la afinidad. Se produce un despertar, una sensación de conocimiento antiguo. Entráis. Habéis regresado a casa por fin.
En la tradición clásica esto encuentra una expresión maravillosa en el Simposio, mágico diálogo de Platón sobre la naturaleza del amor.

ANAM CARA: El misterio del acercamiento.- Cap. VIII


El misterio del acercamiento
Desde hace años tengo ganas de escribir un cuento sobre un mundo en el cual cada uno conocería a una sola persona durante toda su vida. Lógicamente, para dibujar ese mundo, este postulado debería prescindir de consideraciones biológicas. Uno tendría que guardar años de silencio ante el misterio de la presencia en el Otro, antes de poder acercarse. En toda su vida uno no encontraría más que un par de personas a lo sumo. Esta idea adquiere mayor realidad si uno pasa revista a su vida y distinguelos amigos de los conocidos.

No son lo mismo. La amistad es un vínculo más profundo y sagrado. Shakespeare lo dice con una frase muy bella: «Los amigos que tienes y su atención probada, sujétalos a tu alma con argollas de acero.»
Un amigo es un tesoro increíblemente valioso. Es un ser amado que despierta tu vida para liberar las posibilidades salvajes que hay en ti.
Irlanda es un país de ruinas. Las ruinas no están vacías. Son lugares sagrados que rebosan de presencias.
Un amigo mío, sacerdote en Conamara, pensaba construir una playa de estacionamiento junto a su iglesia. Cerca había una ruina, abandonada desde hacía cincuenta o sesenta años.
Fue a ver al hombre cuya familia había vivido allí años antes y le pidió que le cediera las piedras para los cimientos.
El hombre se negó. Cuando el sacerdote preguntó por qué, respondió:
Ceard a dheanfadh anamacha mo mhuinitire ansin?, es
decir, «¿qué sería de las almas de mis antepasados?».

Quería decir que incluso en unas ruinas largamente abandonadas, las almas de quienes las habían habitado poseían una afinidad y apego particulares al lugar.
La vida y pasión de una persona dejan su impronta en el éter.
El amor no permanece enclaustrado en el corazón, sino que sale a construir tabernáculos secretos en el paisaje.

ANAM CARA: La naturaleza sagrada de la intimidad.- Cap. VII


La naturaleza sagrada de la intimidad
Nuestra cultura está obsesionada por el concepto de relación. Todo el mundo habla de ello.

Es un tema constante en la televisión, el cine y los medios de información. La tecnología y los medios no unen el mundo. Pretenden crear un mundo unido por redeselectrónicas, pero en realidad sólo ofrecen un mundo simulado de sombras.
Por eso nuestro mundo humano se vuelve más anónimo y solitario. En un mundo donde el ordenador reemplaza el encuentro entre seres humanos y la psicología reemplaza a la religión, no es casual que exista semejante obsesión por las relaciones.
Desgraciadamente, el término mismo se ha convertido en un centro vacío en torno del cual nuestra sed solitaria anda hurgando en busca de calor y comunión. El lenguaje público de la intimidad es en gran medida hueco y sus repeticiones incesantes suelen delatar la falta total de aquélla.
La verdadera intimidad es una vivencia sagrada.

ANAM CARA: EL ANAM CARA.- CAP. 6



La tradición celta posee una hermosa concepción del amor y la amistad. Una de sus ideas fascinantes es la del amor del alma, que en gaélico antiguo es anam cara, «Anam» signi­fica «alma» en gaélico, y «cara» es «amistad». De manera que «anam-cara» en el mundo celta es el «amigo espiritual». En la iglesia celta primitiva se llamaba anam cara a un maestro, compañero o guía espiritual. Al principio era un confesor» a quien uno revelaba lo más íntimo y oculto de su vida. Al anam cara se le podía revelar el yo interior, la mente y el co­razón. Esta amistad era un acto de reconocimiento y arrai­go. Cuando uno tenía un anam cara, esa amistad trascen­día las convenciones, la moral y las categorías. Uno estaba unido de manera antigua y eterna con el amigo espiritual. Esta concepción celta no imponía al alma limitaciones de espacio ni tiempo. El alma no conoce jaulas. Es una luz divina que penetra en ti y en tu otro. Este nexo despertaba y fomenta­ba una camaradería profunda y especial. Juan Casiano dice en sus Colaciones que este vínculo entre amigos es indisolu­ble: «Esto, digo, es lo que no puede romper ningún azar, lo que no puede cortar ni destruir ninguna porción de tiem­po o de espacio; ni siquiera la muerte puede dividirlo».

lunes, 18 de diciembre de 2017

ANAM CARA: UMBRA NIHILI.- CAP. 5


En un universo vasto que a veces parece siniestro e indife­rente a nosotros, necesitamos la presencia y el abrigo del amor para transfigurar nuestra soledad. Esta soledad cós­mica es la raíz de nuestra soledad interior. Nuestra vida, todo lo que hacemos, pensamos y sentimos está rodeado por la Nada. De ahí que sea tan fácil atemorizarnos. El Maestro Eckhart dice que la vida humana se encuentra bajo la sombra de la Nada, sub umbra nihili. Sin embargo, el amor es la hermana del alma, su lenguaje más profundo y su presencia. En el amor, a través de su calor y creativi­dad, el alma nos protege de la desolación de la Nada. No podemos llenar nuestro vacío con objetos, posesiones o per­sonas. Debemos avanzar más profundamente en ese vacío para encontrar debajo de la Nada la llama del amor que nos aguarda para darnos calor.
Nadie puede herirte tan profundamente como tu ser amado. Cuando admites al Otro en tu vida, abres tus de­fensas. Aun después de años de convivencia, tu afecto y con­fianza pueden sufrir una decepción. La vida es peligro­samente imprevisible. La gente cambia, a veces de manera drástica y repentina. El resentimiento y el rencor desplazan el arraigo y el afecto. Toda amistad atraviesa en algún mo­mento el valle negro de la desesperación. Esto pone a prue­ba tu afecto en todos sus aspectos. Pierdes la atracción y la magia. El sentimiento mutuo se vuelve sombrío, la presen­cia hiere. Si eres capaz de atravesar este tiempo, tu amor puede emerger purificado, despojado de la falsedad y las carencias. Te llevará a otro terreno donde el afecto puede volver a crecer. A veces una amistad se echa a perder y las partes apuntan a sus centros de negativismo recíproco. Cuando se unen en el punto de carencia, es como si parie­ran un espectro dispuesto a devorar el último retazo de afecto entre los dos. Ambos son despojados de su esencia. Se vuelven impotentes, recíprocamente obsesionados. En­tonces son necesarios la oración profunda, mucha aten­ción y cuidados para reorientar las almas. El amor puede herirnos profundamente. Debemos tener mucho cuidado. El filo de la Nada corta hasta el hueso. Otros quieren amar, entregarse, pero les falta energía. Llevan en sus corazo­nes los cadáveres de antiguas relaciones, son adictos a las heridas como confirmación de su identidad. Cuando una amistad se reconoce como un don, permanecerá abierta a su propio terreno de bendición.
Cuando amas, abres tu vida a un Otro. Caen todas tus barreras. Tus distancias protectoras se derrumban. Esa perso­na recibe permiso absoluto para penetrar en el templo más profundo de tu espíritu. Tu presencia y tu vida pueden vol­verse terreno suyo. Se necesita mucho coraje para permitir semejante acercamiento. Puesto que el cuerpo habita en el alma, cuando permites semejante proximidad, dejas que el otro se vuelva parte de ti. En la afinidad sagrada del amor verdadero, dos almas se vuelven gemelas. El cascarón exte­rior y el contorno de la identidad se vuelven porosos. Se runden mutuamente.

ANAM CARA: EL AMOR ES LA NATURALEZA DEL ALMA.- CAP. 4


El alma necesita amor con tanta urgencia como el cuerpo necesita oxígeno. El alma alcanza su plenitud en la calidez del amor. Todas las posibilidades de tu destino humano duermen en tu alma. Existes para cumplir y honrar estas posibilidades. Cuando el amor entra en tu vida, las dimen­siones ignotas de tu destino despiertan, florecen y crecen. La posibilidad es el corazón secreto del tiempo. Sobre su superficie exterior, el tiempo es vulnerable a la transitoriedad. Cada día, triste o bello, se agota y se desvanece. En su corazón más profundo, el tiempo es transfiguración. Tiene en cuenta la posibilidad y se asegura de que nada se pier­da u olvide. Aquello que parece desvanecerse en su superfi­cie, en realidad se transfigura y aloja en el tabernáculo de la memoria. La posibilidad es el corazón secreto de la creati­vidad. Martín Heidegger habla de la «prioridad ontológica» de la posibilidad. En el nivel más profundo del ser, la posibilidad es la madre y a la vez el destino transfigurado de lo que llamamos hechos y sucesos. Este mundo callado y secreto de lo eterno es el alma. El amor es la naturaleza del alma. Cuando amamos y permitimos que se nos ame, ha­bitamos cada vez más el reino de lo eterno. El miedo se vuelve coraje, el vacío deviene plenitud y la distancia, inti­midad.
El amor es nuestra naturaleza más profunda; consciente o inconscientemente, todos buscamos el amor. Con fre­cuencia elegimos caminos falsos para satisfacer esta sed profunda. La concentración excesiva en nuestro trabajo, logros o búsqueda espiritual puede alejarnos de la presen­cia del amor. En la obra del alma, nuestras falsas urgencias pueden despistarnos por completo. Lejos de ir en busca del amor, sólo debemos quedamos quietos y esperar que el amor nos encuentre. Algunas de las palabras más bellas sobre el amor se encuentran en la Biblia. La epístola de san Pablo a los corintios es hermosísima: «El amor es sufrido, es benig­no; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor». Otro versículo de la Biblia dice: «El amor perfecto aleja el miedo».
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