viernes, 2 de junio de 2017

LIBRO ARPAS ETERNAS (Josefa Rosalia Luque) Capitulo V (Quarto Escrito)


HA NACIDO UN PARVULITO
Capitulo V (Quarto Escrito)
Hondas son estas cuestiones para que las tratemos nosotros, Hermano Simeón –alegó Yhosep, dando un corte a la conversación, pues varias veces en el curso de ella, estuvo a punto de hablar sobre las manifestaciones extraordinarias que se habían notado desde antes del nacimiento de su hijo.
Lía, que había oído en silencio toda esa conversación, recordaba la carta de su Hermano Elcana, esenio del segundo grado, como ella y su marido ya muerto, y creyó mejor guardar el secreto que su hermano le recomendaba.
Pensó con mucho acierto: “Si Yhosep, que es el padre del niño, no habla; si el sacerdote Esdras, esenio adelantado, calla; yo, pobre mujer que no sé si mis revelaciones harían acaso un desastre, con mayor motivo debo callar”.

lunes, 22 de mayo de 2017

LIBRO ARPAS ETERNAS (Josefa Rosalia Luque) Capitulo V (Tercer Escrito)


HA NACIDO UN PARVULITO
Capitulo V (Tercer Escrito)
Dos días después en la primera hora de la tarde, Yhosep y Myriam emprendieron viaje a la vecina Jerusalén para dar cumplimiento a la Ley que ordenaba la ceremonia de la purificación para la madre, a los cuarenta días de nacido su hijo, al cual debía al mismo tiempo consagrarle a Jehová en su santo Templo. La pareja de asnos, en que Elcana y Sara desde años realizaban sus viajes a Jerusalén en la festividad de la Pascua, fueron los conductores de la familia nazarena en esta andanza de ley. Tenía Elcana en la ciudad Santa a su hermana viuda, Lía, madre de tres hijas que aún no estaban casadas: Ana, Susana y Verónica, criadas las tres en las severas costumbres morales en que educaban sus hijos las familias esenias. Vivían en el barrio de la puerta oriental, o sea, en dirección a las piscinas de Siloé. Donde hoy es la Puerta Mora. Juntamente con ellas vivía su anciano tío Simeón, hermano del padre de Lía, el cual tenía dos hijos Levitas: Ozni y Jezer, que justamente estaban de servicio esos días como auxiliadores del anciano Simeón de Betel. A esta buena familia hierosolomita, iban recomendados como huéspedes:

LIBRO ARPAS ETERNAS (Josefa Rosalia Luque) Capitulo V (Segundo Escrito)


HA NACIDO UN PARVULITO
Capitulo V (Segundo Escrito)
Y Moisés, movido de piedad de sus mártires que a millares se habían sacrificado..., movido a piedad de esta heredad humana que el Padre le confiara, deja su cielo radiante...
El Séptimo cielo de los Amadores, y baja por última vez a la Tierra para salvar la humanidad que caminaba al caos y a la destrucción. ¿Le escuchará la humanidad? ¿Le reconocerá la humanidad? ¿Vestirá la túnica de penitencia y caerá de rodillas ante él, reconociendo su pecado? ¿Irá Yhasua a Roma pagana e idólatra, para llevarla a la adoración del Dios verdadero?
¿Y desatará allí Yhasua todos sus estupendos poderes, y realizará maravillas suprahumanas como Moisés en Egipto, para que el César al igual que el Faraón diga a Yhasua:
“Veo que Dios está contigo; haz como sea tu voluntad?
” Y, ¿será entonces Yhasua el Instructor de toda la humanidad que le seguirá dócilmente como una majada de corderillos?
En esta santa conversación estaban los cuatro sacerdotes esenios a la débil luz de un candil, cuando la diestra de Nehemías empezó a temblar sobre la mesa.

LIBRO ARPAS ETERNAS (Josefa Rosalia Luque) Capitulo .V

 
 

HA NACIDO UN PARVULITO
Capitulo .V
Volvamos a la serena quietud de Betlehem, la tranquila ciudad donde David el pastorcillo que Samuel, Profeta esenio, ungió rey de Israel... El rey de los salmos dolientes y gemebundos, cuando su corazón sincero comprendió que había pecado. Volvamos a la casita de Elcana el tejedor, en una de cuyas alcobas, se encontraban Myriam y Yhosep con su niño Divino..., ¡el Dios hecho hombre! Y la Ley nos da permiso para escuchar su conversación. Es ya muy entrada la noche y todos se han recogido en sus alcobas de reposo. Yhosep se despierta, porque siente que Myriam llora con sollozos contenidos, acaso para no llamar su atención. Enciende un candil, y se llega al lecho de Myriam a quien encuentra con el niño en brazos.

domingo, 21 de mayo de 2017

FRANCISCO DE ASÍS.- CAP. 21: LAS ADMONICIONES Y LAS REGLAS

 

Cesáreo de Espira no partió inmediatamente con sus compañeros para su misión de Alemania, porque Francisco lo retuvo consigo algún tiempo para que le ayudase en la redacción de la nueva regla. Cesáreo, por su parte, se quedó de buen grado por gozar un poco más de la compañía de su maestro, a quien temía no volver a ver en la tierra. Esta permanencia fue de unos tres meses, que Cesáreo pasó todavía en el valle de Espoleto, parte en la Porciúncula, parte en la soledad del convento de las Cárceles. Así lo afirma Jordán de Giano en dos pasajes de su Crónica: «Y viendo el bienaventurado Francisco que fray Cesáreo era docto en Sagrada Escritura, le confió el trabajo de adornar con palabras del Evangelio la Regla redactada por él con palabras sencillas. Y él lo hizo». También: «Después que hubo escogido a los hermanos para la misión de Alemania, fray Cesáreo, que era un hombre piadoso y abandonaba de mala gana al bienaventurado Francisco y a los otros santos hermanos, con la autorización del bienaventurado Francisco distribuyó a los compañeros asignados por las distintas casas de Lombardía para que esperasen allí sus instrucciones. Él mismo se entretuvo durante tres meses en el valle de Espoleto» (Crónica, 15 y 19).
Estos pasajes no nos permiten aceptar la afirmación de Lempp y otros, según la cual Francisco habría leído en el Capítulo de Pentecostés de 1221 la redacción primitiva de su regla, tal como acababa de elaborarla con la ayuda de Cesáreo de Espira. Si las cosas hubieran ocurrido así, Jordán, sin duda, habría dejado constancia de ello; en cambio, es evidente que la colaboración entre Francisco y Cesáreo no comenzó hasta después del mencionado Capítulo.
La primera regla que Francisco había escrito en Rivotorto era muy breve y sencilla, según él mismo lo dice en su Testamento y lo confirman todos los biógrafos: «Y yo hice que se escribiera en pocas palabras y sencillamente, y el señor Papa me la confirmó». En su mayor parte esta regla primitiva se componía de pasajes sacados de la Biblia, principalmente del Evangelio de San Mateo. Por eso solía llamarla Francisco forma sancti Evangelii, «forma de vida evangélica». En suma, lo que él quería era indicar a los hermanos la mejor manera de «seguir el Evangelio».
No poseemos hoy esta primera regla franciscana, y todos los esfuerzos que se han hecho para reconstituirla, aunque sutiles y numerosos, han resultado fallidos. Sin embargo, hay que convenir en que todas esas tentativas han partido de un principio verdadero, es a saber, que eso que se designa con el nombre de Regula Prima, Regla de 1221 o Regla no bulada, nos presenta incontestablemente la regla primitiva de la Orden, desfigurada, eso sí, con una muchedumbre de adiciones, modificaciones y ampliaciones posteriores.

AL ENCUENTRO CON EL MAESTRO.- LA HORA DEL VIENTO




Amanece en el desierto. La oscuridad va dejando paso a la luz del alba.
El frío de la noche se aleja, dejando una estela de rocío sobre las pocas plantas que se atreven a crecer en esta inmensidad encantada.
Un pequeño escarabajo despierta haciendo un surco bajo la arena comenzando su diaria tarea en búsqueda de alimento.
Poso mis manos sobre la fina arenisca, las lleno de ella elevándolas al cielo; abriéndolas y dejando la arena caer cual reloj sin tiempo que marcar, sus diminutas partículas se esparcen llevadas por el viento, lejos, no importa dónde.

Los primeros rayos comienzan a perderse en el horizonte, pronto el rey Sol se dejará ver en todo su esplendor.
Sumido en la contemplación del bello espectáculo de un nuevo día, único, irrepetible, unas palabras resurgen en mi corazón:
«Yo envío delante de mí a mis hermanos, allanad el camino de mi vuelta, os traigo lo que os prometí».
«Ven, conmigo ven, llegó la hora del viento».

EL ANCIANO JUAN

AL ENCUENTRO CON EL MAESTRO.- LA VOZ

 
 
Acabé cerrando los ojos sentado en un banco. Los minutos pasaban, o eso me parecía a mí.
Una música muy suave, un sonido indescriptible pero hermoso me puso el bello de punta. Me pareció que todo se movía a mi alrededor, al instante me encontré en pie… ¡frente a mi mismo!
No podía creer lo que estaba viendo, ahí estaba yo, sentado con los ojos cerrados y a la vez en pie, creía que me estaba volviendo loco. Y de pronto volví a escuchar la misma melodía, me serené sin saber cómo.
La Voz, que esta vez parecía provenir de todas partes, la volví a escuchar diciendo:
«Ya es hora que veas el ser en que te has convertido, has tardado “unos pocos milenios”, pero ha merecido la pena la espera.
Pasaste penurias, sufrimientos, también momentos alegres e inolvidables, todos ellos te fueron moldeando y han hecho, has hecho de ti quien hoy eres. Lo debes a tu esfuerzo y abnegación, los que te acompañaron y acompañaste, están muy contentos.
Hoy el cielo canta una canción, la tuya, la del ritmo de tu corazón sonando en armonía junto a miles, millones de hijos de Dios.
Hoy ha nacido un hijo del Espíritu.
¡Empieza a caminar!»
EL ANCIANO JUAN
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