jueves, 16 de marzo de 2017

ÍNDIGO: LIDERAZGO EN EL SIGLO XXI


Y hay aquellos que dan lo que son, los grandes maestros, los grandes líderes, y la humanidad siempre nos ofreció el testimonio de seres humanos plenos que nos convocan a subir a nuestra propia montaña.


Respecto al liderazgo, creo que hay tres niveles en nuestra evolución natural para colocar la semilla de la maestría en cada uno de nosotros.
El primer nivel: el líder centrado en la teoría, en la ideología y en la técnica. Esta es la infancia de nuestro proceso de madurar la propia semilla de este potencial humano. Para no partir del
ensayo-y-error necesitamos estudiar a los antiguos que nos antecedieron en la búsqueda.
Entonces, aprendemos técnicas, teorías y en ellas nos centramos, lo que nos trae un poco de seguridad en nuestras incertidumbres. Adoptamos verdades que no son nuestras y hacemos de ello una boya. Como aquella persona que está caminando y depara que hay un río. Hay una canoa a su lado, desconoce la profundidad del río y sus olas. ¿Cuál es la actitud sensata? ¿Usar la canoa o arriesgarse nadando? Usar la canoa, evidentemente. No fue ella la que la construyó, pero está ahí, disponible. Ahora, cuando termina la travesía del río de su propia inseguridad e inmadurez, imagine esta persona mirando para la canoa y diciendo: “¡Sin ésto no soy nadie!”
Esta imagen bien puede representar a este tipo de líder y ésto es lo que nos trae este drama de la esclerosis metodológica y psíquica.



El líder centrado, fijado en una ideología o sistema, sea cual sea, [....] un líder que recita una ideología y quiere ser fiel apenas a ella. Son líderes muy restringidos, porque se quedan
siguiendo trochas y pierden los caminos; muere el creador y vegeta la criatura, no hay innovación ni creatividad. También son líderes que tratan a los otros como números o políticos
centrados en una técnica o teoría que se vuelve anticuada.
El segundo nivel: el líder centrado en la persona: el facilitador afinado con el proceso. Sin embargo, algunos van contra la corriente; algunos son suficientemente temerarios. Es lo que
necesitamos: riesgo. Un niño conversaba con otro y le decía: “Cuando crezca seré un profeta, voy a hablar de cosas que nadie va a querer oír”. El otro, intrigado le preguntó: “¿Entonces por qué quieres ser un profeta si nadie va a querer oírte?” El primero respondió: “Es lo que nosotros los profetas somos, ¡muy temerarios!” Sin riesgo, usted jamás virará esta página; es necesario la disciplina, la búsqueda. Por lo tanto, si va más lejos, entrará en otra calidad de liderazgo que
denomino del líder centrado en la persona, en el problema, en el aquí y ahora.



Este es un líder dispuesto a echar fuera sus tecnologías, sus metodologías en el basurero, en caso de que estén interfiriendo en su relación con la realidad viva, que no tiene dirección cierta, la realidad siempre cambiante, lo inusitado al instante. ¡Para estar afinado con el proceso de la realidad, usted necesita siempre ser cambiante! Este líder ya ilumina un auditorio. Un gran profeta de este tipo de liderazgo fue Carl Rogers, que partía del principio de que todo ser humano tiene una tendencia al auto-desarrollo, auto-realización y auto-regulación, bastando para eso, que haya un terreno fértil. Es aquí donde se coloca una palabra nueva: el facilitador. Usted
facilita propiciando un terreno fértil donde cada uno pueda volverse lo que es y aquí el líder se encuentra en su madurez.



Hay un momento en que si usted mira bien a los ojos de un ser humano y si usted abre todavía más su escuchar, usted se va a dar cuenta de que el ser humano es más que un ser humano. Si
usted mira bien a la persona y de hecho la escucha, en algún momento se va a dar cuenta del Gran Misterio; en algún momento va a encontrar aquellas palabras de Teilhard de Chardin: “El ser humano es el sacerdote de la Creación. Es el espacio donde el propio Universo puede aprender a conocerse, puede aprender a amarse”. Por lo tanto, es necesario virar esta página también y ya se caminó mucho para llegar hasta aquí, es un itinerario de realización que comienza siempre con el primer paso: inclinar el corazón para aprender.



El tercer nivel: el líder holocentrado, el facilitador conectado a la corriente universal. El tercer nivel, que incluye los anteriores, puede ser llamado de excelencia: el liderazgo holocentrado.
Este sujeto es el que se conectó, se religó a la totalidad, dándose cuenta de que no está disociado de la sociedad, del ambiente, del universo, del Gran Misterio. Es el líder que escucha las sincronicidades: él vuelve, como los antiguos, a escuchar el rayo, a escuchar el sonido de los eventos que se conectan en una unidad, siempre a partir de una unidad indisociable, ésto es que es sincronicidad. Es lo que Jung juntamente con Pauli, un representante de la física cuántica,
llamaba principio de conexiones acausales, que algunos van a llamarlas transcausales. Es el dominio de las coincidencias significativas cuando los eventos se conectan por el significado y no por la causa. Nosotros existimos en una unidad de eventos; no estamos separados de los seres humanos que nos rodean, de las maquinitas y de todo lo que nos envuelve. Por lo tanto, cuando usted hace una pregunta, puede accionar una respuesta implícita en el misterio de la totalidad y ésto es sincronicidad, un concepto ya clásico, sustentado en una reflexión científica.
Es un líder que está, en una sola palabra, “ligado” a la corriente universal; es un líder que conectó sus dos hemisferios cerebrales: científico y tecnológico con el hemisferio poético,
místico, de la comunión; el hemisferio analítico con el hemisferio sintético; el hemisferio izquierdo, con el hemisferio derecho, es decir, las dos alas que un pájaro necesita para volar, las dos piernas que un ser humano necesita para emprender un viaje con corazón.


Metafóricamente, podemos hablar que es un líder centrado en el cuerpo calloso, millones de neuronas que conectan los dos hemisferios cerebrales, religándolos.
La holística no es ni analítica, ni sintética; la holística no es ni científica, ni espiritual; la holística implica una comunión, una sinergia entre estas dos naturalezas y dos formas de aprender de lo real. Como dice Capra, “la ciencia no necesita de la espiritualidad, pues tiene su camino propio, es el camino analítico; la espiritualidad no necesita de la ciencia, pues tiene su camino propio, el sintético, el intuitivo. Pero el ser humano necesita de ambos”. El cuerpo calloso, del que me gusta metaforizar como el cuerno del unicornio, que los antiguos
denominaban como de tercera visión, es el sustrato neurológico del liderazgo holocentrado. Por lo tanto, este es un líder por excelencia, es un líder que logró rescatar sus alas sin perder sus raíces.



Por lo tanto, es ésto lo que quería traer como la esencia de este mensaje. Hay un líder de todos los líderes, el Gran Gurú que es la Esencia. Cuando te dejas guiar por esta Esencia, es cuando te
haces un líder en su excelencia y plenitud. Entonces podrás asumir la autoría de tus pasos y no serás más una hoja llevada por el viento. Este es un potencial que todos poseemos, y no se trata de desarrollar la espiritualidad, que ya está lista. Se trata de desarrollar nuestra dimensión corporal, o sea escuchar, atender el teléfono de la enfermedad, de la crisis que nos convoca.


Aprender el sentido de nuestros pasos. Se trata de trabajar con la psique, introduciendo cualidad en nuestra alma y también cualidad en la dimensión noética. Así el sol de la esencia va a
manifestarse naturalmente. Ya debes haber oído algunas veces en un día nublado la expresión “¡hoy no hay sol!” ¿Es verdad? ¿Habrá un día en el que no haya sol? ¡No, la verdad es que hoy
hay nubes! Las nubes de la ignorancia existencial son aquellas que nos mantienen atados a una corriente y a una prisión, aquellas que nos quitan el sabor de la aventura y el gusto de la libertad.
Este líder se manifiesta a través del amor. Es necesario osar decir que el espíritu es amor, el espíritu se manifiesta a través del amor. Si no hubiera amor entonces, ¿para qué vivir? Por lo
tanto, el amor está al inicio, está en el medio y está al final. Nosotros estamos aquí para aprender a amar, y todo el resto es tontería. En la medida en que usted aprende a amar, hace una
donación, aprende a donar. Algunos dan lo que tienen, otros dan lo que saben. Y hay aquellos que dan lo que son, los grandes maestros, los grandes líderes y la humanidad siempre nos ofreció el testimonio de seres humanos plenos que nos convocan a subir a nuestra propia montaña.


FUNDACIÓN ÍNDIGO
Roberto Crema

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