sábado, 11 de marzo de 2017

MENSAJE BIDI-4 (13 abril 2012 )


BIDI está de nuevo con vosotros. Después de nuestras charlas, después de vuestras preguntas y lo que os he dado como respuestas, dudo que podáis tener otras cuestiones. Entonces, yo tendría otras respuestas. Entended que más allá de este intercambio, más allá de vuestras preguntas y de mis respuestas, el Absoluto mora. Evidentemente, habéis comprendido que todas mis respuestas solo están destinadas a hacer preguntaros sobre el Absoluto. Absoluto que no podéis ni definir, ni siquiera comprender, ni tampoco aproximaros (como he dicho). Por el contrario, yo podría en efecto venderos, de alguna forma, las ventajas de ser ante todo, Absoluto y, los inconvenientes de permanecer en el Yo o en el Sí.
La primera ventaja, es que sea lo que digáis, lo que penséis y lo que experimentéis, el Yo y el Sí terminarán con la partida de este cuerpo y por tanto, ni el Yo ni el Sí, podrán satisfaceros de ningún modo, más allá de la duración efímera, de lo que vosotros llamáis, esta vida. El Absoluto confiere, de alguna forma, exactamente la inversa y el opuesto de esto. Es el fin de la muerte. El fin del olvido.

La segunda ventaja (que ciertamente, es para esta vida efímera y este Yo/Juego (Je/Jeu) efímero) que deja Ser al Absoluto, es que evidentemente, en el Absoluto, no puede existir ninguna de las fluctuaciones que vivís cada día de vuestra vida: un día, sois felices; un día, sois desgraciados; un día, vivís el Sí; un día, el Sí se aleja de vosotros. Y esto es imposible en el Absoluto. El Absoluto os confiere sin embargo, una forma de perennidad y yo diría incluso más, una seguridad total, mucho más allá del Sí. Desde el punto de vista del Absoluto, uno puede incluso, plantearse la cuestión de ¿por qué dudáis? ¿Por qué no osáis? Yo iría incluso más lejos: el Yo tiene tendencia a querer buscar el Despertar, la Iluminación, la Realización. Él se dedica, yo diría (aquellos que están en un camino espiritual), a tiempo completo. Pero es ridículo en la medida que el Absoluto (que es vosotros mismos) os abre sus puertas e instantáneamente, desde que suponéis y proponéis la posibilidad del Absoluto, y bien, Él está aquí. Pero el Ego jamás os permitirá suponer esto, porque es construido precisamente, en la negación del Absoluto. Y el Sí, yo diría, es tan narcisista, tan imbuido de sí mismo, que él tampoco permitirá jamás, al Absoluto inmiscuirse en esta especie de auto satisfacción de aquél que se cree Despierto (o Despertado) a lo que sea.
Nosotros estamos en tiempos en esta Tierra (que vivís), particulares e intensos. La cuestión es saber cuánto tiempo vais, de algún modo, a resistiros a la evidencia, a resistir la perennidad y preferir las idas y venidas entre la alegría y la tristeza, la autosatisfacción y de alguna forma, la negación de la evidencia del Último y del Absoluto. Si os planteáis sinceramente la cuestión (y os animo a planteároslo y no a planteármelo) constataréis vosotros mismos, que hay, en ese nivel, una especie de estupidez de la inteligencia humana que está muy alejada de la Verdad de la experiencia y de ese estado Último (que no es un estado). Pasáis vuestro tiempo yendo de un estado al otro, de un centro de interés a otro. Y, si os digo que el Absoluto responde, en bloque de un solo golpe, a todas vuestras preguntas, el Ego va a pensar que es fastidioso y aburrido. Entonces, seguro que va a pasar su tiempo (en lugar de refutarse a sí mismo), refutando al Absoluto y alejándose con una investigación hipotética, de cualquier Realización, de cualquier evolución o de cualquier transformación, en una linealidad que de todas formas, no deja ninguna evidencia al Infinito.
En resumen, estáis en un cuerpo limitado, estáis en pensamientos limitados, soñáis con lo Ilimitado. Sois finitos, soñáis lo Infinito pero cuando llega el Infinito, dais media vuelta. Porque, evidentemente, no hay solución de continuidad (como se dice) y por tanto, para vosotros es en efecto deplorable, en efecto ilusorio, mientras que permanezcáis en el Ego (esta pequeña persona que ha nacido un día y que morirá, de todas formas, sea lo que hagáis, sea lo que realicéis). Y volvéis a comenzar cada vez.
Ayer, UN excelente AMIGO (que es vuestro Amigo) os ha dado unas frases (Ndr: ver intervención de UN AMIGO del 12 abril 2012). Esas frases son resonancias importantes para que oséis plantearos la cuestión de por qué no osáis. ¿Qué es ese miedo? ¿Qué es esa duda que está inscrita en este cuerpo (que no es más que un saco de comida, que está destinado a alimentar otra cosa, por supuesto, a su muerte)? Y persistís en imaginar ser este cuerpo y todo lo que no dura (que solo tiene un tiempo en este mundo), que está inscrito entre vuestra venida a este mundo y vuestra partida de él. Y soñáis con lo Ilimitado a través de una relación con un ser amado. Y soñáis permanentemente con algo que será Eterno pero montando guardia en instalaros en lo efímero. ¿Os dais cuenta de ese ridículo, de lo que se piensa, lo que se imagina y de lo que se proyecta? ¿Queréis salir del ridículo? ¿Queréis en fin, ser esta Alegría Eterna, este Éxtasis permanente? ¿Estaréis tan aterrados por vuestro propio placer? ¿Estaréis tan pasmados de no ser más que esta Fuente de placer, indecible, permanente, Eterna?
He aquí donde se sitúa el marco, entre nosotros hoy. Os digo entonces: buenos días y bien venidos a la Eternidad. Vamos a dialogar, intermitentemente, sobre las cuestiones que me habéis planteado y las respuestas que yo he aportado. También, os pido no buscar comprender sino impregnaros de nuestros diálogos. Las cuestiones son infinitas. Las respuestas también lo son. De igual forma que os ocultáis detrás de vosotros mismos, de la misma manera más allá del observador y del testigo, hay algo que está ahí y que no se ha movido jamás, de igual forma (más allá de vuestras preguntas y respuestas), está también, ese Absoluto. Es esto lo que vamos a intentar que se instale, desviando, de alguna forma, vuestro Ego, vuestra personalidad y vuestro Sí, de su estado, para abandonar ese estado, en beneficio de alguna cosa de la que no se puede decir nada. Pero que, desde el instante en que se instale, os mostrará la vanidad y la superficialidad de todo lo que habíais emprendido antes y que, sin embargo era (en ciertos casos, lo sabéis) necesario. Pero incluso eso necesario no debe ser una finalidad. Necesitáis soltar las muletas, soltar todo lo que tenéis, todo a lo que pensáis haber llegado. No habéis llegado a ninguna parte. Porque no hay ninguna parte a donde llegar. Llegar a alguna parte significa que hace falta haber partido. Pero ¿partido de qué? Y ¿partido de dónde? Habiendo planteado esto, os escucho.
Pregunta: ¿Cómo mantenerse en el Eterno Presente?
Refutando tu propia mente. Está ahí. Tú no puedes negarlo. No lo escuchas. ¿A qué das crédito? ¿Vas a dar crédito eternamente, a lo que te susurra montones de cosas que son falsas? la mente no sirve más que para andar por este mundo. Para entrar en reacción permanente y para ajustarse a lo que te propone la vida. Pero, no te es de ninguna utilidad para ir más allá de esto. Entonces, no creas lo que te dice. Créele cuando se trate de ser lógico, en el quehacer de la vida ordinaria. ¿Es que por eso hay que creerle cuando interviene en los momentos en que tú no lo has solicitado? ¿Quién es el maestro? ¿Quién decide? No te opongas a tu propia mente: la reforzará cada vez más y es a eso a lo que tú has jugado desde muchas decenas de años. El Yo/ Juego se ha terminado. No te opongas a él. Será siempre más fuerte que tú, en tu Ego. Entonces no lo escuches. No le respondas. No le otorgues ninguna validez. Constatarás por ti mismo que entonces, poco a poco, él soltará la presa. Refútalo, sin oponerte. La mente se sirve incluso de la meditación e incluso, de tu propia observación más allá de la mente. Va a querer ser, de alguna forma, la propietaria de todo lo que puede emitir en el Interior de ti, lo que ha superado esa mente y te remite permanentemente a ti mismo. Y, continuamente, de alguna forma, a una cierta forma de inutilidad de ti mismo. Simplemente, no hay que otorgarle el mínimo crédito. Acabará por callarse. Pero sobre todo, no le pidas que se calle porque para ella, todo es pretexto para interactuar y para reaccionar. El objetivo es justamente, no interaccionar y no reaccionar. No la escuches. Todo lo que te puede decir relativo a lo que tú Eres, es falso. No hay otro medio. Todos habéis notado (en la vida que se vive en este mundo) que desde el instante en que se otorga crédito a lo que sea, hay todas las posibilidades para que eso a lo que la conciencia está dirigida se manifieste, de una forma o de otra. Y vosotros constatáis, por cierto, que se manifiesta mucho más fácilmente, lo que tiene tendencia a ser negativo que lo que tiene tendencia a ser positivo. Muchos quisieran ser ricos: muchos son pobres. Muchos quisieran tener buena salud: y muchos están enfermos. Esto deberá (y debiera ya) atraer vuestra atención sobre la estupidez de creer en esa clase de cosas. El Yo (el Ego, la personalidad) va a buscar continuamente prevenir y prever y la mente destaca. Va incluso, a hablaros de Luz. Va a hablaros, de bienestar. Va a hablaros de Realización. Pero os miente. Y, sobre todo, no sois él. Cuando decís: « yo como » ¿quién come? ¿Vosotros o este cuerpo? Cuando decís: « yo conduzco » ¿Quién conduce? Cuando decís: « tengo un marido » ¿cuál es ese “yo” que tiene un marido? ¿El marido está en vosotros? ¿O está fuera de vosotros? Comprended que « yo » no puede tener nada, ni ser nada. Solo es un intermediario y vosotros le dais todo el peso a ese intermediario. Es así para todo lo que se manifiesta en el pensamiento, en las ideas, en los conceptos y voy incluso más lejos: en todo lo que se percibe. El principio mismo de la identificación os lleva a la proyección. Y la proyección es una exteriorización y por tanto, por naturaleza (y por manifestación), efímera. No os ocupéis de eso.
Pregunta: ¿Quién refuta?
El propio Ego. Porque la refutación, para él, parece no presentar peligro. Va a considerar esto como un juego. Pero enseguida, deberá decantarlo porque a fuerza de haber refutado todo lo que hasta el presente constituía su universo, y bien, va a estar en la disyuntiva, va a capitular. Y es en ese momento, cuando os aparecerá detrás de ese “Yo”, el Sí. Continuad refutando. La Onda de Vida aparecerá (o no). Dejad hacer lo que se hace. Vosotros no podéis conocer el Absoluto. En ningún momento. No podéis vivirlo. Ya está ahí. Acordaros de que el Absoluto no tiene necesidad de refutar lo que sea. No tiene necesidad de negar lo que sea, puesto que es ampliamente más vasto (ya que es Infinito) que el Ego, que la persona, que la mente, que lo que se percibe o se concibe. Entonces, no os planteéis la cuestión de saber, si es el Absoluto el que refuta. El Absoluto no refuta nada. No está en absoluto concernido por vuestra escena de teatro, ni siquiera por el regidor, ni por el iluminador, ni siquiera por el actor, ni por el que mira. No tiene nada que ver con el teatro, en verdad. Cuando hayáis tomado conciencia de que no sois ni el decorado, ni la escena, ni el actor, ni el espectador, ni el teatro ¿qué quedará? Lo que sois, más allá de cualquier estafa. Pero no hay otra forma (ni otra posibilidad) de poner fin a la Ilusión de teatro. Mientras estéis en el teatro, sufriréis, lo queráis o no: a propósito de este cuerpo, a propósito de vuestros afectos, a propósito de vuestra fatiga o de vuestro bien estar. Si el teatro no está ya ¿qué es lo que podría sufrir? No hay contenido. El Absoluto es, de algún modo, la Sanación Última. Y vosotros rechazáis esta Sanación Última. En parte, el “Yo” y el Sí son masoquistas. Y sabéis muy bien que en este mundo, de masoquismo a masoquismo aparece el sadismo, el bien y el mal. Vosotros no sois ni el bien, ni el mal. Si estáis aquí, es que os adherís al bien: el vuestro o el del otro pero el bien no es lo que construye a partir de la experiencia de este mundo. Ninguna experiencia de este mundo es la experiencia del Absoluto. Porque el Absoluto no será jamás, una experiencia. No lo puede ser. Llega un momento en que hace falta plantearos la cuestión de vuestras propias experiencias. Ciertamente, el “Yo” (y el Sí) no quieren en absoluto oír hablar de experiencias. Quieren vivirlas. Pero si esa experiencia es la Vida y pone fin a cualquier experiencia, esto aterroriza al Ego y al Sí (que se cree que ha llegado). ¿Qué es lo que queréis creer? ¿Qué es lo que queréis vivir? Pero mientras creáis no vivís.
Pregunta: ¿El observador sería el Ego que evalúa y juzga? ¿Puedo refutarlo?
No.El observador no es en ningún caso, el Ego. Es el Sí, el “Yo soy”. Tomar conciencia del observador, ya es no ser actor sobre la escena de teatro (en un decorado) sino estar sentado confortablemente, en el sillón y mirar. Pero incluso eso, efectivamente hay que refutarlo. Pero no llames al observador: el Ego. Tú le atribuyes un rol que no tiene. El Ego busca transferirse en el Sí. De todas formas, es muy simple: el Absoluto no es nada de lo que tú conoces. La mejor de las refutaciones es esa que no busca identificar, discriminar el decorado, del actor, del espectador o del teatro. Entonces, seguro, hay una forma de dinámica. Es más fácil refutar el decorado. Después el actor. Después el espectador. Y al final, el teatro. Porque es mucho más difícil refutar, en su totalidad el teatro desde el principio. Porque el Ego (el Sí) considera que hay un inicio, y por tanto, un camino y una llegada. Hay entonces, ciertos actos y escenas que jugar. Y esto es muy placentero, incluso para el observador. La más grande de las angustias sobrevive cuando uno se da cuenta de que no se es ni el actor, ni el decorado, ni el espectador, ni siquiera el teatro en el que se desarrollaría esta hipotética pieza de teatro. Es una tragedia. Pero si vivís el Absoluto, esto no será una tragedia sino más bien, una comedia. ¿Quieres ser el drama o quieres ser la comedia? Todo se resume en esto.
Pregunta: ¿Es necesario comenzar por refutar las manifestaciones del pasado o las del presente?
Pero refutar el pasado, quiere decir que tú concedes aún un peso al pasado. El pasado no tiene ningún peso. No hay siquiera que refutarlo: no existe. Por el contrario, su supuesta acción en el presente existe, si tú lo planteas así. Entonces ¿qué es lo que hay que refutar, en este caso? Es todo lo que tú conoces. Lo que tú conoces no es lo que has conocido (que solo es un peso muerto). Lo que está activo en el« Yo » y en el Sí, es únicamente lo que es conocido en el presente. La Presencia, el “Yo soy” o el “Yo soy Uno”, el Sí, sencillamente, no es el presente. Es justamente lo que supera y transforma ampliamente, este presente. Mientras que estés en el “Yo”, estás en lo que se llama un presente flaco, es decir que ese presente es tan flaco que estaría lleno de pseudo certezas (que vienen de tu pasado, de tu educación, de tus vidas pasadas), te darían la impresión de dominar este presente flaco. La meditación se abre en un amplio presente, es decir que los pensamientos no son tan rápidos. Hay como una posibilidad de observar sus propios pensamientos, sus propias ideas, permitiendo deshacerse muy fácilmente (o en todo caso, mucho más fácilmente). El presente amplio desemboca en la Presencia, en el “Yo soy”. No te ocupes de lo que está muerto. Ayer está muerto. El segundo de antes está muerto. Sea lo que quieran decir los pensamientos, sea lo que vengan a decir los miedos o tus sufrimientos, sea la que sea la causalidad de lo que tú vives hoy, tú no eres de ninguna forma una causalidad. No concedas peso a lo que no lo tiene ya verdaderamente. La refutación concierne a la totalidad de lo que se ha llamado efímero o limitado. Un instante pasado es efímero y está muerto. ¿Por qué quieres hacerlo vivir? Lo que hay que refutar es esencialmente, lo que se sitúa primero, en este presente flaco, y después, en un presente amplio. Esto va a instalarte en el Eterno Presente que es la Presencia. Pero, mientras que des crédito a lo que sea de tu pasado, tú te sitúas a ti mismo, en la ley de acción/reacción y en lo que se llama karma. El karma concierne a la personalidad (mortal y efímera). Jamás al Sí. En cuanto al Absoluto, no puede siquiera conceder cualquier veracidad a esto.
Pregunta: en mis momentos de Alineamiento, cuando suelto lo que creo, lo que conozco, me parece estar como en suspensión y lo que viene a mí es la nada. En la vida de todos los días, siento la nada de forma fugitiva, como la sensación de que todo me es igual y de que no hay nada que hacer. Si suelto la atadura a la Alegría, no sé incluso si lo que aflora a mi Conciencia me es conocido o no y me da igual ¿Qué es eso?
Gracias por tu testimonio pero esto no es una pregunta. Es una constatación. Ahora ¿quién quiere constatar? Una vez más, el Ego y la personalidad que buscan agarrarse (como una especie de autosatisfacción) a haber llegado a crear esto. Esto también va más allá de eso. No te contentes con observar cualquier resultado, cualquier progresión. Ve hasta el final. Mientras que te mires y te veas a ti mismo, el Absoluto no puede nacer. Ya está aquí. Eres tú el que esperas que nazca. Pero nada puede nacer. No te mires jugar. Aunque ese juego deba cesar. Olvida incluso eso. Totalmente. El Absoluto es. El Sí va siempre a hacer gárgaras de la maravillosa distancia que existe entre lo que era antes (en el « Yo ») y a lo que ha llegado. Pero el Absoluto no puede ser, ni antes, ni haber llegado. El Es. Tú no eres nada de lo que juega. Tú no eres nada de eso a lo que has llegado. Y con causa. Desde que hay autosatisfacción (de lo que sea), puedes estar seguro que no es el Absoluto. Entonces, de alguna forma: deja caer todo esto. No constates ni siquiera eso.
Pregunta: ¿Cómo se hace la elección del acceso a la 5ª Dimensión a esa al Absoluto?
¿Por qué? ¿Tienes una elección que hacer? ¿Quién plantea esta cuestión, si no es la mente que busca obtener una mejor comprensión para elegir? Pero la mente no puede elegir. Esto os lo han explicado ampliamente las Estructuras que se han expresado (Ndr: los diferentes participantes de la Asamblea de Ancianos, Estrellas, el Cónclave Arcangélico…): por la Vibración. Pero el Absoluto está más allá de cualquier Vibración. Mientras que tú te plantees la cuestión de la elección, hay mente seguro, puesto que la mente es, permanentemente una cuestión de elección. Y el Absoluto no puede aparecer. El Absoluto no es una elección. Él Es. Lo que es la elección, es ese que cree tener elección: la mente, la personalidad o el Sí. No hay ninguna elección para el Absoluto. La elección es la ilusión del libre albedrío. La ausencia de elección es la Libertad. En la Libertad está la Gracia, el Éxtasis, el Placer (en su sentido más exacerbado, el más intenso, el más Interior). En el libre albedrío, hay gravedad, pesadez, el sentimiento de conocer algo. Pero todo lo que es conocido (desde ese punto de vista limitado) solo es ignorancia. También es teatro. Plantearse la cuestión de la elección te remite a la actividad mental. Sistemáticamente. Lógicamente. Mientras que tú te plantees la cuestión (o me la plantees), no puedes dejar emerger, de alguna forma, la respuesta. Permanece huída y el Absoluto parece desaparecer o en cualquier caso, se aleja. No es él, el que se aleja, sino que eres tú el que te alejas.
Pregunta: la Onda de Vida me ha calentado parte de la noche. ¿Me he acercado al Absoluto?
La Onda de Vida, de alguna forma, es el testigo y el marcador de algo que aparece (que siempre ha estado ahí), que es efectivamente el Absoluto. Es la Onda de Vida la que procura (si se puede decir) el estado de Éxtasis, el fin del cuestionamiento. Y efectivamente, desde el punto de vista del Sí, la instalación en el“No-Yo soy”, en el “No-Sí”, en el Absoluto. Precisamente hay que dejar actuar, dejar hacer, no dirigir nada y en un momento dado, espontáneamente en el Sí, de forma natural, la Onda de Vida se convertirá en lo que tú Eres. En ese momento, ningún límite y nada finito (inscritos en este cuerpo, en esta persona y en esos pensamientos) será vivido como real. Tú serás Absoluto. Lo más temible (pero que es al mismo tiempo, lo más simple), en esta fase (esta última fase antes de la ausencia de fase), es precisamente aceptar no hacer ya nada, aceptar no mirar, para que la Onda de Vida (si se puede decir así) tome posesión de ti. Porque eres tú el que reacciona a la Onda de Vida. Ella, ella siempre ha estado aquí. Si no, no habría vida alguna. Hace falta pues, invertir la noción de sentido de movimiento: no eres tú el que vive la Onda de Vida, sino la Onda de Vida la que te vive. Eso cambiará todo. Como os han dicho los Ancianos: permanece tranquilo y en Paz. Si tú te sitúas un poco en el sillón de espectador, constatarás que lo que se despliega en la escena, cambia al actor. Y vas a constatar también que el espectador comienza a ver borrarse la escena, el decorado y el actor, hasta preguntarse incluso, si está sentado y si existe un teatro. Cuando esta última cuestión cesa, el teatro desaparece. Se podría decir de alguna forma: cuando la Onda de Vida trabaja, no trabaja, no te ocupa. No la refuta, seguro, pero va más allá.
Pregunta: ¿hay un inconveniente para el “Yo”, en mantener aún la mente en una actividad profesional, incluso reducida?
En absoluto. No existe ningún obstáculo al Absoluto. Servirse de la mente en una actividad mental me parece lógico y normal. Lo que es ilógico y anormal, es cuando la mente interviene en lo que no le concierne. La mente no puede ser un obstáculo al Absoluto. Sea lo que haga, en lo ordinario de lo que hay que hacer de este cuerpo y de las ocupaciones de ese Yo, no puede surgir ninguna molestia. La sola molestia que se concibe, es la que elabora el “Yo”,él mismo, para justificarse. Eso no es más que una justificación que no tiene ningún sentido. El Absoluto no tiene nada que hacer con la mente y sus actividades. Entonces, creer que la mente va a ser un obstáculo al Absoluto es, también, un juego mental.
Pregunta: ¿podría explicar la frase: “tú no puedes apropiarte de lo que tú Eres”?
Efectivamente, todo lo que es proyectado (en que el “Yo” y con mayor razón, el Sí) no puede contemplarse a sí mismo. ¿Puedes tú verte sin utilizar un espejo? Los ojos no están vueltos al interior. Entonces, tú no te puedes ver, excepto con la ayuda de un espejo. El conjunto de los otros “Yo”, el conjunto de los decorados y el conjunto de los teatros, solo son decorados y espejos. Tú no puedes verte a través de otra cosa que un espejo. Pero ningún espejo es real. Desde el punto de vista en que tú eres, no puedes apropiarte de lo que sea. El Absoluto es natural. El es el Último. Mientras que el límite crea que puede apropiarse de lo que sea, está en un error. Si puedo emplear esta imagen: tú no puedes trasladarte, transcendiendo la imagen a lo Verdadero (o el Absoluto). Pero tú no puedes verte a ti mismo, porque todo lo que se ve permanecerá circunscrito a un marco de referencia dado, a suposiciones dadas, a referencias dadas, en relación a la experiencia pasada que está muerta. Lo Desconocido no puede ser conocido a partir de lo conocido. Lo conocido será siempre un espejo: un espejo de alondras. Es decir que hay siempre, la necesidad de mirarse y admirarse. Es el juego del Ego y del Sí. Es cuando cesa este juego de proyecciones (es decir cuando no hay nada que ver, nada que mirar o admirar), cuando no hay ningún lugar para el “Yo” y para el Sí, cuando el Absoluto te encontrará. En resumen, tú no puedes encontrar el Absoluto. Tú no puedes incluso buscarlo, ni comprenderlo. Mientras que el Ego no lo ha comprendido, se puede repetir esta frase miles de veces (si no millones de veces), que no lo ve y no lo entiende. Porque él tiene necesidad de comprender. Porque tiene necesidad de referirse a lo conocido. En resumen: lo conocido no quiere soltar lo conocido. Es todo el drama del Ego. Es todo el drama de la persona que se cree una persona. Ningún resultado es posible en este marco. Y sin embargo, es en ese marco donde tú te encierras, donde el mundo te encierra.
Pregunta: ¿existen preferencias o afinidades en el Absoluto?
Mientras siga siendo un Absoluto, dentro de un relativo (es decir mientras que este cuerpo esté presente, cualquiera que sea su vida), las preferencias van a permanecer. Tú prefieres tal salvador más que otro. Pero no eres tú el que prefieres, es este cuerpo. Entonces, deja esas preferencias evolucionar cómo evolucionen. Ellas solo traducen la acción del principio vital en ti. Esto concierne también a los alimentos como a las preferencias, sean las que sean, de amistad o de amor, incluso personales. Pero no os ocupéis de eso. Solo cuando la forma se termina, el Absoluto encuentra, yo diría, su ecuanimidad y su permanencia en cualquier cosa. La mirada, mientras que estés aún en lo limitado, estará siempre coloreada por eso limitado. Pero tú sabes que eso solo es una coloración y que ésta, no tiene ya más sentido que preferir la coliflor a la zanahoria. Solo es una forma diferente, una ordenación diferente, de colores, de salvadores, de moléculas y de átomos pero no es algo que entra en tu forma. Es una diferencia de apreciación (como tú has dicho) pero que no cambia absolutamente nada en el Absoluto. Este cuerpo de nutrición tiene necesidad de alimento, cualquiera que sea el alimento. En definitiva ¿qué importancia tiene?
Pregunta: ¿qué hay de las emociones?
Una emoción pertenece a la acción/reacción. Está inscrita en el karma y por tanto (cualquiera que sea la emoción, incluso la más elevada) permanecerá en definitiva, en lo que se llama astral, es decir el cuerpo de deseo. El cuerpo de deseo es efímero. Ninguna emoción puede conducirte al Absoluto, aunque tú lo pienses y lo creas. Todo separa esos dos mundos. Absolutamente todo. La emoción va a crear una aspiración hacia lo bello, hacia la voluntad de mejorar cualquier cosa. Una música que se emite no es más que la traducción de una personalidad. Es necesario estar consciente. Lo que no quiere decir que haga falta suprimir esas emociones porque, como la mente, están ahí. Es más agradable ver algo bello que alguna cosa fea (según los criterios de la persona). Las emociones no son las mismas. Pero esto no concierne, en nada, al Absoluto. Hacer de la emoción un apoyo a cualquier evolución (o a cualquier transcendencia) es una mentira. Ninguna emoción puede conducir al Absoluto. Jamás. De igual forma que la mente no debe ser ya un obstáculo, la emoción es un obstáculo al Absoluto. La emoción es un sucedáneo de de Luz. La emoción es una copia, mal copiada, del Amor. La emoción puede crear un estremecimiento pero no es, en nada, el estremecimiento del Éxtasis. Una vez más, es una imitación. Es ese principio mismo de imitación que ha sido adelantado por las religiones, por las espiritualidades. El Absoluto no será jamás, una emoción.
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