sábado, 6 de mayo de 2017

NIÑOS INDIGO.- EVOLUCIÓN, DESAJUSTE Y ACOMODACIÓN


Contando solamente con un poco de atención, observación crítica y haciendo un recorrido por la teoría de Darwin, podremos darnos cuenta de que la evolución del hombre no paró cuando llegó a Homo Sapiens. Y es que así lo ha demostrado la ciencia. El hombre como especie se mantiene en una constante evolución, y así como su organismo cambia, sus funciones cambian, y al unísono sus facultades mentales se transforman y su “conciencia” se eleva.
Analicemos un poco esta conclusión lograda al interactuar con niños y jóvenes sin y con patología del Habla y del Lenguaje, sin y con rendimientos intelectuales altos al promedio hasta hoy aceptado. Al ser nosotros, los humanos, un organismo bioquímico en evolución permanente, es vital para nuestro desarrollo mental, espiritual y social tener claro y presente que un nuevo estado orgánico necesariamente produce un desequilibrio que se mantiene hasta que se da una acomodación en el organismo para que funcione armoniosamente de nuevo.


Ahora bien, ¿qué es lo que está sucediendo ahora?, ¿por qué antes la gente no era así?, son las preguntas obligadas que me formulan. Pues bien, ya lo han dicho varios “observadores de la vida” y de diferente profesión: los cambios “generacionales” se suceden ahora en un período cada vez más corto, por lo tanto son más observables. Solo que ellos se referían a cambios conductuales, sociales. La diferencia hoy es que tenemos que vernos dentro de un sustento bioquímico en evolución. Y más allá, con una conciencia espiritual.
A los estudiantes de Fonoaudiología y de Educación Especial y Regular se les propone asumir la profesión dentro del marco de la neurociencia cognitiva. Solo así podrán encontrar las bases de
sustento de nuestras funciones comunicativas y de cognición. Conocer y entender los procesos que se suceden en nosotros, es la puerta para acceder a un cambio de paradigma; cambio necesario para la calidad de vida de nuestros niños.
Ese cambio de paradigma está referido a cómo enfrentamos la “patología” que presenta este o aquel chico que llega a nuestra consulta:

- Primer cambio: no es una patología, es la manifestación de un desorden bioquímico en cualquier esfera.
- Segundo cambio: no nos enfrentamos. Estamos frente a una persona de determinada edad con quien estableceremos una interacción.
- Tercer cambio: no permitirnos actuar bajo el llamado “efecto pañete”.

Como profesional de la Comunicación Humana y de sus desórdenes, los chicos que son llevados a mi consulta, presentan una “alteración” en esta esfera, ya sea de orden expresivo y/o
comprensivo con o sin alteración de las demás funciones cerebrales superiores, las más frecuentes son en la esfera de los recurrentes de aprendizaje: atención, concentración, motivación y memoria.
Es aquí donde es importante aclarar que hay muchas manifestaciones de desorden comunicativo y que pueden influir en el aprendizaje que se presentan en chicos, tanto de bajo rendimiento
intelectual como de alto rendimiento, como parte de un cuadro serio fácilmente detectado o no.
Eso es lo que vemos y aquí es donde entra el “efecto pañete”, que no es otra cosa que una analogía para poder explicar lo que sucede. Y he observado que, en los niños con un alto rendimiento intelectual, hay una tendencia marcada a confundirlos desde el punto de vista psicológico, con niños de bajo rendimiento, por las características comunicativas que puedan presentar alteradas, así como las cognitivas y que desde luego afectan la armonía emocional.

Pero alguien puede decir: “¡ah, pero es que un niño superdotado (yo prefiero hablar de alto rendimiento) no presenta ninguna alteración!” Esta persona podría tener razón desde su paradigma de que una prueba psicológica es infalible. Recuerden que estamos en permanente evolución. Por lo tanto, tenemos que ser consecuentes, algo que he observado es muy difícil para la mayoría de nosotros. Bajo el principio de que cambiamos, ¿no creen ustedes que los test
existentes desde hace varias décadas, realizados con una población, para ser aplicados a otra población con la misma u otra cultura, con experiencias de vida diferentes, con cambios bioquímicos diferentes, producirán resultados diferentes a pesar de que se estandaricen? Por otro lado, el comportamiento social, basado en estilos de comunicación distintos, también es diferente para cada persona. Invito a la precaución en la utilización de test psicológicos, especialmente a las escalas “madurativas” con las que se cuenta y se cuadricula a cada persona.

Cuando ustedes ven un edificio, si hay algo que para ustedes es interesante, lo notan, si no, pasa ese edificio desapercibido. Imaginen que camino a su casa –siempre por la misma ruta– ha
estado ese edificio. De pronto un día ven una grieta en el tercer piso, y ustedes lo notan “¡Ah, se agrietó el edificio!”. Muchos dirán lo mismo. Sin embargo, alguien comentará, “mira, pero si tiene una terraza con una jardinera llena de flores preciosas, y no lo había notado”. Bien, el dueño del edificio manda a empañetar de nuevo y asunto arreglado. Pero varias semanas después, usted nota que la grieta volvió a aparecer y esta vez más grande y por supuesto días
después ya esta reparada nuevamente. Pero por tercera vez aparece la grieta y esta vez llega hasta el cuarto piso, entonces el dueño del edificio llama a un arquitecto y le consulta, entonces sabe que el problema no era la grieta, sino una viga de la estructura que estaba desalineada.
Nosotros somos ese edificio, y es muy fácil notar los “imperfectos”, pero un poco difícil notar las “flores”. Los chicos serán llevados a sus consultas por sus padres, igual que a mí y estarán muy preocupados por la “grieta” que ellos vieron o que la maestra vio y nadie notará la riqueza que ellos son y que han desarrollado. Así cuando los padres traen los chicos a mi consulta,
dentro del protocolo está el preguntar por “sus flores” y en el abordaje terapéutico, no comenzar a empañetar, sino revisar la “estructura”, y así como el dueño del edificio llama a un arquitecto,
si es necesario yo consulto a un neurólogo o al profesional que considere pertinente.

Nuestra estructura no es otra que nuestro Sistema Nervioso Central y Periférico, donde las vigas de sustentación están formadas por nuestro sistema sensoperceptual y la red de enlace la conforma la Modulación Cerebral o Integración Sensoperceptual. Dicho de otra manera, todo nuestro sistema sensoperceptual lleva toda la información de nosotros y del mundo que nos rodea y es, a través de la modulación cerebral, que esa información se integra para que
funcionemos y demos respuestas físicas, mentales y cognitivas. Hacer caso omiso a ésto es actuar bajo el “efecto pañete”.
Otro punto para tener en cuenta es la concepción del lenguaje como la resultante de la asimilación y acomodación de esos procesos enmarcados en un ambiente apropiado y con la estimulación adecuada.
Por último, en ese desarrollo en el que estamos inmersos pareciera haber una gran tendencia a desarrollarse más el hemisferio cerebral derecho, dando paso a la manifestación de sus funciones inherentes y dando un tiempo de espera para que las del izquierdo se manifiesten. Ésto es lo que he observado durante los últimos veinte años y me refiero a los chicos con un alto índice madurativo. Ellos presentaron alguna dificultad de orden expresivo acompañado de un alto nivel en las pruebas de Desarrollo de Pensamiento. En algunos contrastaba el informe de psicología en que se reportaban o bien limítrofes, o duros para aprender, o con déficit atencional con y sin hiperactividad o hiperactivos. El abordaje terapéutico lo encaminaba al autoconocimiento a través del desarrollo psicomotriz, de las fortalezas en su desarrollo de pensamiento, de su expresión lúdica y escuchando sus preferencias, las que realmente encausaban el proceso de restablecimiento de sus funciones. Por otro lado, muy poco lograban los niños que estaban
medicados: tomaban más tiempo y era más complejo que restablecieran su autoestima.

Desde hace cinco años estoy utilizando el computador como herramienta motivacional con los programas Samira Software realizados por una colega y pensados para lograr que el niño fije su
atención, se concentre y esté motivado. Así logra acceder al desarrollo cognitivo completando los diferentes programas que se le presentan. Ésto, unido a la ejercitación para la integración
neurosensorial, ha permitido que los chicos logren su equilibrio en un tiempo menor.
En este momento contamos con tres conceptos invaluables: la teoría de las Inteligencias Múltiples, que a estas alturas, con cada vez más comprobaciones, está dejando de ser teoría; con el concepto de la Inteligencia Emocional y por último y no menos importante, el Concepto Índigo.
Ahora bien, unidos estos conceptos a algunas evaluaciones que considero válidas en este momento para poder actuar en la práctica, es como he encontrado un camino, de los varios que deben existir, para poder mostrarle una senda a los chicos y así se sigan desarrollando.
Siendo muy cautelosa con las pruebas, hay dos de ellas que me han orientado bastante. Una es CTONI que evalúa la inteligencia no verbal y que en su realización no media la palabra sino el gesto y que además permite conocer las potencialidades en diferentes áreas, que a su vez potencializan otras. Con este resultado compatible con el WISC, tengo una información más certera sobre la capacidad intelectual, especialmente si la esfera del lenguaje está comprometida.

Esta reseña la traigo a colación porque en un análisis retrospectivo de esos casos, las características de Índigo fueron frecuentes. Y compartir este camino puede hacer que varios colegas cambien su paradigma. Es sólo a partir de enero de 2001 que logré entender quienes podrían ser los chicos que acudieron a mi consulta. En ese momento comprendí lo que estaba pasando. Leyendo el libro Los Niños Índigo, de L. Carroll y J. Tober, en donde los casos relatados no eran nuevos para mí, ni sus características y, gratamente, vi como el abordaje había sido muy similar. Desafortunadamente no hubo reportes de fechas anteriores a los casos presentados, pero yo me atrevo a creer, por los chicos que he visto, que ésto se presenta desde antes de las fechas mencionadas.
El desarrollo espiritual y la conciencia de sí mismos estaban explicados allí. Todo parece ahora mucho más fácil de aceptar. Los chicos que presentan características Índigo son dueños conscientes de su propio proceso de desarrollo y aprendizaje y se les hace más fácil cuando logran tener confianza en sí mismos y superar las dificultades que se presenten. Porque un niño Índigo no está exento de presentar inmadurez en la modulación sensorial, al contrario, he
observado que a nivel del lóbulo frontal hay más dificultad. No lo pude comprobar con un mapeo porque en Ecuador hasta la fecha no encontré un neurólogo que lo realizara; apliqué el protocolo Test Neuropsicológico de Luria, versión española para niños. La maduración e integración de sus funciones era más lenta y los chicos presentaban algún retraso en el habla y/o en su escritura, en su desarrollo motor fino.

Tampoco escapan a este desarrollo, niños con déficit sensorial. Hubo dos casos de niños hipoacúsicos severos que considero destacar. La primera, una niña, llegó a mi consulta a los cuatro años de edad, diagnosticada tarde, se le adaptaron los audífonos y en tan solo cinco meses desarrolló su lenguaje verbal oral, sin dislalias, a excepción de la /s/ final que espontáneamente no la produce pero al hacerle caer en cuenta, corrige; con una correcta gramática y una
competencia lingüística igual a la de un normoyente de su edad; cumplidos los cinco años se la presentó a una institución educativa bilingüe español-alemán para iniciar su escolaridad y hasta la fecha no ha presentado ningún tipo de dificultad. Al aplicarle a los cinco años de edad el CTONI obtuvo records superiores a su edad y un detalle importante, que no pude corroborar, es que aparentaba leer mi pensamiento, porque cuando parecía que se iba a equivocar, yo pensaba “mira bien” ella se sonreía e indicaba la respuesta correcta. Ésto pasó cuatro veces, así que no pensé más y no la miré a los ojos hasta terminada la prueba, ella tan sólo sonreía, me miraba y
señalaba la respuesta.

El otro es un chico que llegó a la consulta cuando tenía once años, su madre médica, amorosa e intuitiva le enseñó a hablar. Lo que inicialmente vi fue la necesidad de mejorar su gramática. Era
muy observador, inquisidor en su mirada, y de ante mano parecía saber lo que le iba a pedir que realizara. Su expresión verbal era la que utilizaría un niño culto de origen británico que estuviera
aprendiendo español. Su comportamiento era así mismo y su gusto por vestir me hacía recordar las películas donde aparecen niños internos en una gran escuela inglesa de los años 30 ó 40. Un
día explotó en agresividad contra su madre, quien asistía a las sesiones de terapia para darle confianza al niño. Cuando logró calmarse después de llorar, con gran frustración habló de lo
difícil que era para él estar en una escuela con niños especiales.
Y es que la realidad ecuatoriana en Guayaquil es así. Hay una escuela para niños sordos, pero el método de comunicación es manual, este chico había desarrollado lenguaje oral y una escuela
regular no tenía los maestros comprensivos que él necesitaba, así que su alternativa era la escuela en la que estudiaba. Le aplique el CTONI y las respuestas fueron muy alentadoras, obtuvo puntajes elevados para su edad. Presentó durante la prueba las mismas características de la niña a quien me referí antes. El programa terapéutico retomó todos los pasos para una integración neurosensorial y de autoestima, dentro del enfoque de Inteligencias Múltiples. Le sugerí a los padres intentar en una escuela regular, y, superados los temores, encontramos una.
Hoy es un niño tranquilo, con apoyo pedagógico en casa, con amigos y creciendo como le corresponde.
No veo el aura, no sé con toda certeza si son o no Índigo, pero tienen muchas características de las descritas. Lo que sí sé es que tanto ellos como otro niño de cinco años, diagnosticado como
ADD y que iba solo a que “jugáramos a la nube” –terapia Reiki en realidad– o a realizar un “juego” en el computador, logró armonizarse, al igual que otros, sin otro compromiso más que el
de inquietud motora, gran curiosidad y habilidades extrasensoriales.

Intuitivamente, el trato con ellos ha sido el recomendado. Yo les propongo hacer un buen equipo amistoso, respetuoso y profesional con los maestros y familia de los chicos que hoy nos están mostrando que somos más, que ponen a prueba nuestras capacidades y que nos brindan este único y maravilloso momento de compartir la grandeza de la vida en este punto de transición, en
donde tan solo nos piden comprender, aceptar y no obstaculizar el desarrollo de la humanidad.
En un taller realizado en Cuenca, Ecuador, por la Fundación INDI-GO, presenté un paralelo entre las inteligencias múltiples y las diferentes manifestaciones de los niños Índigo y es sorprendente como coinciden. En ese mismo taller, con Noemi Paymal agregamos una nueva columna abordando las destrezas pedagógicas que sugerimos tener en cuenta.
En resumen, he encontrado que hay muchos niños en este proceso de cambio evolutivo y como dije al comienzo, el desbalance que produce este nuevo desarrollo se manifiesta en dificultades de integración neurosensorial, en los precurrentes de aprendizaje y en la expresión oral y/o escrita del lenguaje. Todos ellos susceptibles de madurar. Podrán tener una capacidad de entendimiento como la nuestra o mayor, pero siguen siendo niños, necesitados de comprensión y orientación y de una formación en valores que les permita adaptarse a este mundo en cambio.
Su desarrollo moral va más rápido de lo que fue el nuestro, así que si los padres, maestros y terapeutas revisan las notas de Piaget, Kolber y Camin sobre el desarrollo de la moral podrán comprender que así como los paradigmas educativos deben cambiar, también nuestra conducta y la manera de interactuar con ellos.

Los chicos requieren de firmeza y de seguridad de parte nuestra, y desde luego de flexibilidad.
Si somos lo suficientemente observadores, veremos que ellos indican qué necesitan y en qué los podemos ayudar. No sean temerosos en solicitar una explicación al médico tratante sobre los
medicamentos que el niño o niña a su cargo (padres, maestros, terapeutas) esté tomando. Si tiene dudas puede escribir al laboratorio fabricante y solicitarles el estudio realizado para sacar al mercado el medicamento en cuestión. Así hice yo sobre la Ritalina, y de una forma muy respetuosa y profesional, con los médicos neurólogos de algunos de mis pacientes, hemos hecho
un estudio en cada caso para determinar cuándo es necesario y cuándo no usarla. Sin duda una dieta natural, ejercicio, deporte y asumir responsabilidades de acuerdo a sus capacidades han sido un valioso apoyo para los chicos y sus familias.

Yolanda León Ruiz

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