domingo, 12 de marzo de 2017

INDIGO: HIPERSENSIBILIDAD,INTUICIÓN Y RABIA- Capitulo 23



Hay que recordar que nuestra misión como padres y docentes de estos niños es servir de puente entre esa particular sensibilidad e inteligencia para ayudarlos a canalizarla y ser útiles a la humanidad.
La hipersensibilidad de los niños Índigo se manifiesta física, emocional, psíquica y espiritualmente.


Sensibilidad física


Físicamente, sus sentidos están más activos, su vista abarca un mayor campo visual percibiendo tonalidades de colores que los adultos, vibrando en tercera dimensión, no captan. Por ello, son
hipersensibles a la luz fluorescente por lo que puede presentarse una distorsión de percepción ocular lo cual acarrearía problemas de lectura y escritura. Pueden, desde muy pequeños, percibir
fácilmente el aura de las plantas, animales y personas.
Utilizan su intuición visual percibiendo la energía, la frecuencia de luz, que emana de las personas u objetos. Por ejemplo, si se llama a un bebé mentalmente, intuitivamente, el bebé volteará a ver el origen de la emanación de la energía, captada inicialmente por una frecuencia de onda mental y buscará de dónde viene la luz que está percibiendo. Su alerta va más allá de sus sentidos físicos, utiliza los “suprasentidos” (extensión de los sentidos físicos que vibran en una rata más sutil pero que se apoyan en los sentidos físicos para desarrollar sus antenas interdimensionales).



Auditivamente perciben decibeles de mayor alcance por lo que son muy sensibles a ruidos estridentes, los cuales les aturden. Por otro lado, su sentido olfativo está muy asociado a la identificación. Con gran facilidad captan la vibración olfativa que emana el olor de la persona, sitios, objetos, al igual que detectan olores a distancia. Son muy sensibles a olores de químicos que los irritan y desequilibran, así como olor a tabaco, perfumes, pesticidas. En cuanto al gusto
vemos que tienen preferencias e inclinaciones muy definidas desde temprana edad en la comida.
Tienden más bien a ser vegetarianos espontáneamente desde pequeños, con mayor inclinación por las frutas. Desarrollan frecuentemente sensibilidad reactiva o tóxica por determinadas
comidas, en especial aquellas que tienen aditivos, preservantes y colorantes. En cuanto al tacto, es el órgano a través del cual manifiestan mayor sensibilidad. Reaccionan a nivel cutáneo con
urticarias y alergias a todo lo que no está hecho con materiales cien por ciento naturales, de ahí su incomodidad a las gomas de la ropa interior, las etiquetas y las mezclas de materiales sintéticos en contacto con la piel.


Los Índigo duermen menos, pudiendo descansar plenamente en cuatro horas mientras que a los adultos, de tercera dimensión, nos lleva ocho horas recuperarnos. Comen menos y tienen más
energía pudiendo, como Índigo adultos, ser más productivos en menor tiempo, pues tienen la capacidad espontánea de comprimir el concepto de tiempo cronológico. Para ellos no hay tiempo lineal sino interdimensional.

Sensibilidad emocional


En cuanto a la parte emocional, su sensibilidad se manifiesta en la habilidad de leer las “agendas” de los demás pues, a través de sus “suprasentidos”, perciben a nivel celular lo que está sucediendo. Por ello no aceptan el juego del poder, de la autoridad. Ellos captan que la autoridad es un mecanismo de control basado en el temor y ésta es una energía propia de tercera dimensión que no tiene cabida en la cuarta dimensión.
El temor es capitaneado por el Ego, el que nos hizo olvidar nuestro origen divino, el que tiene como pilar de sustentación la separación, la duda y se manifiesta, entre muchas otras cosas, por mentira, control, manipulación, superioridad, inferioridad, impulsividad, violencia. Estos son mecanismos a través de los cuales los Índigo no funcionan, se rebelan, confrontan, pues no es una energía inherente a su frecuencia debido a que el temor es aprendido, es decir, no es intrínseco a nuestra esencia. Ellos vienen a crear una sociedad basada en el amor, la cooperación. En cambio, el temor separa, compite, descalifica, por ello no se alinean con la
imposición o su contrapartida, la sumisión.


Se rebelan alegando el respeto a su individualidad, haciendo alarde de la realeza de su esencia.
Para ellos, la honestidad y la apertura son la base del respeto, la autenticidad y la visibilidad es su mecanismo de vida, todos ellos, atributos propios de cuarta dimensión. De ahí que nos confrontan a los adultos al trabajo de las emociones, del autoconocimiento, del discernimiento de nuestro abordaje en relacionarnos, revisando si es desde el temor o desde el amor.


Sensibilidad psíquica y espiritual


Psíquicamente, al estar más integrados con su esencia, manifiestan dones y capacidades que nosotros, desde nuestra limitación de tercera dimensión, consideramos poderes psíquicos pero,
realmente, son la utilización de su cualidad divina expansiva. De ahí que vengan con inherentes capacidades de sanación, manejo de energías a distancia, conexión libre y directa con la supraconciencia, su Yo Superior, manifestándose en telepatía, clarividencia, clariaudiencia, intuición, sueños premonitivos. Al estar su nivel de conciencia más expandido pueden anticipar con gran facilidad las vibraciones de las personas, objetos, situaciones, conociendo de antemano el posible escenario.
Se conectan espontáneamente con su intuición, la voz del alma a través del corazón, la puerta de entrada a lo interdimensional. De ahí su gran sensibilidad. Nosotros, los padres y educadores, debemos preservar, respetar, no bloquear o doblegar esa habilidad, pues, lamentablemente, se requiere sólo de un comentario o invalidación insensible de parte del adulto para desconectar al
niño de su intuición. Ella es su bastón de protección, la que lo mantiene a salvo, fuera de peligro conectándolo con su Yo Superior. En el milenio pasado se opacaba la importancia que tenía la intuición porque todo lo que no era concretamente comprobable se desdeñaba. Con esa actitud afianzamos nuestro alejamiento de nuestra esencia, nos desconectamos de nuestro corazón
sustituyendo nuestra valía por elementos de aprobación externa. De ahí que cambiamos la conexión del ser por el tener como forma de sentirnos seguros y aceptados.


La intuición no es irracional, no requiere que se le invalide o ignore a través de la razón, ni a través de la desconexión de nuestros sentidos. Los sentidos están para complementar y apoyar la
intuición, para darle información, para incentivarnos a poner atención en lo que sucede a nuestro alrededor y relacionarlo. Enseñarles a los niños a que oigan su corazón con la actitud de que
honren lo que sienten, es la mejor forma de afianzar la intuición en ellos. El alimentar su intuición le ofrece al niño un mundo amistoso, lleno de aventuras, divertido, porque sabrá retirarse de personas y situaciones que no le son beneficiosas, su corazón se lo dirá y él lo implementará en la medida que respetemos y validemos su intuición. La intuición es como un músculo que necesita ser ejercitado para ser receptivo y nosotros los adultos estamos en el rol de guiar a nuestros hijos a afianzar este sexto sentido.
Si los padres se inclinan a que los hijos se centren en el cumplimiento de metas, a evaluar la vida solo por el resultado, no tolerando equivocaciones, los niños vivirán solo para lograr el éxito, independientemente de cómo logren fomentarlo para obtener la aprobación sus padres. Estas condiciones activan el temor en los niños, haciéndoseles difícil alinearse con la intuición ya que el temor opaca la intuición y por ello hemos crecido oyendo más a nuestros temores que a nuestros corazones. Cada día, los niños cargan las expectativas y ambiciones de los padres sobre sus hombros por lo que el temor es su fuerza conductora. Por ello, la mejor forma de asegurar que los niños crezcan seguros es que se sientan motivados por un sentido de guía interna, en vez de por el temor.


Los niños Índigo ya vienen con su intuición activada porque utilizan un mayor porcentaje del cerebro y una mayor relación entre el lóbulo izquierdo y derecho. Sin embargo, si no nos hacemos solidarios con sus capacidades las podemos bloquear y activar mucha frustración y rabia en ellos. Para ayudar a los niños a que nutran su intuición, lo más importante que deben de hacer los adultos es cultivar la presencia en la acción y escucharlos con atención.

 
 
María Dolores Paoli
FUNDACIÓN ÍNDIGO

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