miércoles, 7 de febrero de 2018

POR EL ESPÍRITU DEL SOL.- CAP. 11: AQUÉL QUE VIENE...(último capítulo del libro)


Damasco - 28 de julio.
«Hoy leo en vuestros corazones una pregunta sobre los tiempos que se avecinan... En verdad, sé bien quepara muchos esta pregunta es más apremiante que otras muchas. Pero no os anunciaré de qué estará hecho el mañana, ya que más bien seréis vosotros quienes me lo diréis según como acojáis mis palabras. No, no soy el disolvente del que podéis esperarlo todo a fin de que se borren vuestras angustias y vuestros males. No es ésa la función de ninguno de mis hermanos de los mundos de la Luz dorada. Cada uno de vosotros será su propio barquero para salvar las estrechas gargantas del final de esta era. Es lo que he venido a deciros y lo
que constituye la esencia de mi llamada. Nunca vuestro destino ha estado tanto en vuestras manos como en esta hora, nunca os habéis encontrado enfrentados de este modo con vosotros mismos.
Si no comprendéis perfectamente esto, nada de lo que os he enseñado hasta ahora puede tener utilidad.
No debéis estar de acuerdo con todo esto porque "es la voluntad del Maestro Jesús". En primer lugar, no soy vuestro maestro, ya que un maestro ordena y regenta todo. En segundo lugar, los elementos determinantes de vuestra reacción no deben ser la fuerza de un nombre o el aura de una firma. Vuestro corazón debe cambiar por sí solo. La Luz hace un llamamiento a vuestra capacidad de escuchar y de llenaros de energía. La lógica mental aliada a la escucha de las más bellas palabras y de los mayores nombres no obrará la metamorfosis.
De ser así, ésta ya habría tenido cien ocasiones de efectuarse. El disparador del "Vertedor de Agua", de Acuario, debe proceder de otra parte, de vuestro centro, es decir, de vuestra toma de conciencia del hecho de que, en adelante, la Salida aparece en vosotros.

Esperabais a un mesías que barriera las nubes... Pero, reconocedlo, ¡eso es un poco simplista! La verdadera grandeza se parece a la auténtica nobleza: ni se pide, ni se ofrece. Se revela por sí sola porque lleva en ella el orden del mundo.
Esperáis un mesías... Indudablemente, vendrá uno, pero no para cargar con vuestras culpas, sino para confirmar y llenar de energía el impulso que ya debe ser vuestro. En verdad, sólo se mostrará ante vosotros cuando lo hayáis liberado bastante. Por lo tanto, ha llegado el momento de terminar la labranza de vuestras propias tierras ya que Él aparecerá en el hueco de vuestros surcos, no como una semilla en germinación, sino como un árbol ya desarrollado.
Pero ante todo debo hablaros más sobre esta era que se abre a la Tierra y que algunos llaman ya "Nueva Era". Sabed que esa "Nueva Era" es una manera de ser, asumida ya por ciertos hombres desde hace milenios, y que sólo se instalará definitivamente entre nosotros cuando haya "contaminado" lo suficiente al conjunto de vuestra humanidad. Eso quiere decir, amigos, que será la culminación de un egrégor cultivado lentamente, y que no debéis esperar verlo aparecer como un estado de hecho que venga a barrer todas las dificultades, una vez superado el hito de este segundo milenio.

Será un tiempo de propuestas en el que todos deberán comprender que no había una "antigua vida" y ahora una "nueva" hecha únicamente de luz, sino simplemente que prosigue la Vida, más libre, más dueña de sus cartas.
Me corresponde a mí romper las imágenes idílicas de la Era de Acuario transmitidas por escritos pueriles.
Los tiempos que pronto vais a conocer no son todavía los de "La Edad de Oro", al menos no los de vuestro planeta. Quizá pueda serlo si decidís con vuestro amor que así debe ser, ya que sólo vuestras anteojeras os imponen limitaciones.
En realidad, con respecto a la escala cósmica, la Tierra sólo se dispone a salir de las enfermedades infantiles, a superar lo que llamaríais la "prehistoria". En un plano más cercano a lo que podríais captar y que está más ligado a vuestro sistema solar, vuestro planeta vive una crisis de adolescencia, no la última, sino la
penúltima antes de pasar de una vez por todas a la edad adulta. Eso no debe produciros vértigo, ni desalentaros, ya que nada os encadena al ritmo de una humanidad un poco rebelde.
La Liberación no es cuestión de tiempo ni de combinaciones de influencias en el Gran Reloj universal, sino de resolución personal. Se puede vivir en el mismo segundo en que os ofrezco estas palabras. Desde ese momento, no os sitúa por encima de una humanidad que se debate en sus contradicciones, sino más que nunca a su lado, como un hermano mayor que ha hecho un increíble acopio de Amor.
Por lo tanto, amigos, no esperéis que se borre toda pena y toda pesadez como por efecto de una varita mágica en cuanto suenen las doce campanadas del año dos mil.
Conservaréis en vuestros bolsillos y a la espalda lo que hayáis llevado hasta entonces, ni más, ni menos.
Ciertamente, seréis más fuertes que hoy, ya que los que vivirán esa fecha habrán tenido ya el privilegio de ver cambiar muchos rostros. ¿De qué serviría enumerarlos? Cuando un cuerpo está cubierto de erupciones cutáneas, nadie se entretiene en contarlas si se dispone a curarlas, sobre todo si ya se ha proyectado en la luz de la curación.
Por lo tanto, no os asombréis si no os anuncio: ¡habrá un terremoto en tal sitio, tal ciudad será arrasada y sus habitantes sepultados por las aguas, tal jefe de Estado será asesinado, tal quiebra económica va a provocar una guerra civil o tal religión va a inflamar a un pueblo! Quienes se entregan a semejante juego, aunque posean algún talento profético real, sólo generan miedo. Pero os lo afirmo: el miedo siempre hará moverse los cuerpos, pero nunca las conciencias.
¿Y qué importancia tiene hacer reaccionar a un cuerpo si la conciencia que lo anima se sigue gangrenando?
Las verdaderas profecías que habéis recibido a lo largo de los siglos no siembran el espanto sino la reflexión. Las demás persiguen la explotación de los mecanismos más primarios del ego o la manipulación demlas masas humanas.
En efecto, podéis estar seguros de esto: la historia de vuestro país, de las diversas civilizaciones y de la Tierra entera, tal como os la han enseñado, tal como la alimentan la mayor parte de los medios de comunicación, es totalmente errónea. Ha sido completamente inventada..., si no por lo que se refiere a las acciones que la han marcado, sí al menos en cuanto a las motivaciones que las han orientado. A algunos grupos de hombres siempre les ha interesado que así fuera.
La verdadera historia, la que ha conducido hasta este punto a vuestros pueblos, se puede calificar de oculta porque pone en juego fuerzas al lado de las cuales los reyes se convierten en simples marionetas cuyas inclinaciones y manías han sido explotadas.
Sin embargo, no se trata de señalar sistemáticamente con el dedo el Orden de la luz sombría, sino más bien a los embajadores inconscientes que habéis sido al cabo de las eras a fin de asentar un poder temporal y de satisfacer un orgullo. La voluntad de reforma que pretendo estimular en vosotros sólo cobrará sentido en la
medida en que también toméis conciencia de esta realidad y de la necesidad de dejar de perpetuar su mecanismo.
La Nueva Era, amigos, debe ser la era en que cada uno aprenda a disponer de sí mismo, es decir, a escuchar el auténtico lenguaje de su ser, bajo la inspiración del Sol y por el cuerpo de la Tierra madre. Debe ser la era en que cada uno aprenda el "Sí" y el "No" con mayor conocimiento de causa, lo que quiere decir con una visión planetaria global, mucho más allá de su pequeña historia privada.
No se trata de aniquilar la existencia personal a beneficio de un cuerpo colectivo. Por el contrario, el objetivo es expandir la conciencia individual hasta que desempeñe su propia función en la armonización del Todo.

En verdad, los progresos tecnológicos que podéis presenciar sólo representan la consecuencia externa de esta expansión de la conciencia. Ni siquiera son verdaderos progresos. Seguramente sería más exacto hablar de resurgimiento de conocimientos.
El subsuelo de vuestro planeta esconde tantos secretos como la bóveda estrellada que os hace soñar.
Existen ciudades enteras, vías de comunicación, vestigios de tiempos anteriores que han conservado su vida y su función precisa y cuyas aportaciones desempeñarán un papel considerable en la organización de las próximas décadas.
Que esto no sea objeto de investigación por vuestra parte, sino simple motivo de reflexión... ya que para que el Néctar del Gran Escanciador pueda inundar vuestra alma es necesario que ésta vuelva a conectar con sus raíces, redescubra los cimientos de su ser y haga balance de sus vagabundeos.
Ahora, en estos años en que me dirijo a vosotros, es cuando el acceso a esta posibilidad se vuelve más fácil. Todos los datos, cósmicos y telúricos, están ahí para que terminéis con vuestros antiguos conflictos y aceptéis revisarlo TODO: historia, dogmas, ciencias y culturas, ya que cada mirada que dejéis petrificarse sobre antiguas costumbres llevará en su seno el motivo de vuestros sufrimientos. El Amor es movimiento, y por lo tanto es el antioxidante que pueden esperar todos los corazones.
Como colofón a esta verdad, sabed que la era que se abre no se contentará con palabras. La espiritualidad que la caracterizará en comparación con la anterior no se parecerá a un arte oratorio ni a un ejercicio del intelecto que considera en serio sus propias profundidades.
Se anuncia ya como un arte de vivir, de redescubrir lo sagrado en todas las cosas.
Por lo tanto, tenéis que poneros en camino perdiendo de vista al menos la palabra "utilitario". En cuanto se ha comprendido el sentido del avance de los mundos, nada es utilitario, porque todo vive y, por esta razón, todo tiene derecho a la belleza y al respeto. Algunos pueblos antiguos, entre ellos el de los egipcios, se habían
dado muy bien cuenta de ello, y sabían que, por sus formas y su materia, cada objeto creado puede ser espejo de lo Divino. La espiritualidad que debéis concebir desde ahora no es esa "vida de inferior calidad", como entre paréntesis, que permitís que se desarrolle junto a la "otra" porque, al fin y al cabo, "sois algo más que material".
Es la Vida en su conjunto, la aventura de su redescubrimiento.
Si la Era de Acuario florece ya en vuestro espíritu, entonces la veréis llegar hacia vosotros con toda seguridad, aun cuando desaparecieran territorios enteros. ¡En cualquier caso, os pido que os instaléis en ella desde ahora, ya que tendrá lugar! Que vuestra mente la acepte y la espere o que, por el contrario, se rebele.
Se acerca a grandes pasos hacia vosotros. En efecto, es un resultado de la progresión lógica de los mundos, y no únicamente de vuestro planeta. Sois vosotros quienes vais a fundiros en su propuesta de vida, y no a la inversa, ya que es una parte de vosotros mismos que ya ha cubierto el trayecto y vuelve a buscaros.
Dado que no podréis evitarla porque uno no se escabulle eternamente de sí mismo, tomad conciencia de que la manera en que estéis en ella determinará la belleza de las posibilidades que encontraréis. Concebid su llegada entre una oleada de masacres y de cataclismos, y seréis un artesano mutiplicador de tales plagas.
Tenéis incluso ese poder... ¿Por qué utilizar entonces vuestra capacidad de concebir en un único sentido? ¡Si cada hoja de un árbol se pusiera a imaginar el otoño en sus nervios, toda la savia se retiraría de las ramas y después del tronco!
Por el advenimiento de la Nueva Era, desde este mismo instante debéis dejar de ser máquinas reproductoras de disonancias, y abrir vuestras ventanas a la Vida, paladear su sabor más auténtico. Para que así sea, aceptad mover los pies, ya que, cuando se entra en una morada, es necesario franquear su umbral.
En su seno, pensad que vuestros títulos ya no tendrán más valor que la hoja de papel tirada en una esquina de la calle, que vuestro dinero se parecerá al cubito de hielo expuesto a los fuegos del sol, que vuestra cultura no podrá pretender ser más que un saber en conserva, desprovisto de vida, y que tendréis que desnudar vuestra personalidad; no la pequeña, la que os hace jugar a buenos y malos según sea el caso, ni la que os hacer elegir el color de vuestra corbata o la tela de vuestro vestido, sino la de Verdad, la que os dice a qué aspira vuestro corazón. Os aparecerá, amigos, cuando vuestros artificios os demuestren que era sólo eso: ¡un poco de polvo esperando a que pasarais el plumero! Hace milenios que esa gran limpieza merecía ser acometida. Quizá no sea perfecta, porque todavía hay rincones donde la escoba penetra mal..., pero poned en
ella todo vuestro ardor.
Es importante que desde ahora mismo construyáis ya los prototipos de esa Nueva Era. Hay que concebirlos en todos los planos y en todos los campos. Así pues, en adelante hay que experimentar nuevos esquemas de organización. Eso se debe llevar a cabo tanto en el plano social como en el económico y familiar. Sois libres de instituir microsociedades para implantar embriones de nuevos modos de funcionamiento en el plano físico, por supuesto, pero sobre todo y tal vez más en la matriz etérica y astral. Sin duda, ninguno os satisfará plenamente porque vuestro mundo aún no está preparado para conformarse por completo a un ideal de perfección entrevisto, pero eso no importa, pues vuestra tarea consiste en romper las cadenas y en sentar nuevas reglas de juego. Está en juego el equilibrio general, no sólo del planeta, sino también de su
relación con los demás.

La educación será uno de los elementos claves de esta reescritura de la vida. La disgregación actual de las escuelas y de los modelos de enseñanza que se manifiesta por toda la Tierra constituye un signo del que hay que alegrarse. Vuestras sociedades han perdido vitalidad a fuerza de producir seres moldeados en su mayoría, incapaces de concebir su origen y su destino, privados del poder de concebir la vida si no es centrada en torno a su pequeño funcionamiento interior. El Amor a la Vida debe convertirse sin tardanza en el eje de la educación, para la cual cada uno de sus agentes debe hacerse responsable. La palabra amor, que implica la
noción de cierta libertad, excluye sin embargo cualquier negligencia. Algunos de vosotros han comprendido mal este concepto en materia de educación. La fuerza de Vida necesita estructuras firmes, aunque inteligentes por su movilidad, puntos de referencia como puertos en los que se puede atracar; necesita un ritmo, porque cada uno es un astro que, día y noche, reclama su sol porque éste es alegría y preserva de los callejones sin salida.
Por consiguiente, amigos, no tenéis que aplicaros en fabricar, a fuerza de reuniones y de manejo de teorías, un nuevo molde para quienes recogerán vuestra antorcha, sino en sentir las líneas de fuerza reclamadas por el equilibrio del ser. Ya no podéis imponer "vuestra" visión de las cosas. En este campo, como en cualquier otro, semejante actitud estaría inmediatamente condenada al fracaso. Si estáis dispuestos a dar al mundo un poco de vuestro corazón, vuestra tarea consiste por el contrario en escuchar cómo laten las pulsaciones de la Vida y reintegrarlas, reproducirlas analógicamente en el funcionamiento y el contenido de una nueva educación. Os lo repito: no se trata de una obra para teóricos que por motivos egoístas, quieren reconstruir el mundo, sino de una recreación para enamorados, ya que también aquí se trata de don y de comprensión de los engranajes íntimos de la Gran Corriente que os hace crecer en esta Tierra. Es una tarea en la que se deberán equilibrar el arraigo y el despegue.
La reestructuración de vuestros sistemas políticos y económicos deberá pasar por idénticas tomas de conciencia. También debe germinar y experimentarse ya en el seno de microorganismos que esperan a que los creéis. Que no os sorprenda verme abordar temas pertenecientes a un campo que demasiado a menudo consideráis trivial para la búsqueda interna.
En verdad, os lo digo: no existe búsqueda interna y externa. Sólo está el redescubrimiento del Ser y el Ser está presente en todas partes, no como espectador de las tribulaciones de la Vida, sino como depurador de ésta. Política y economía pueden armonizar con Luz si las concebís con rectitud. También deben convertirse en componentes armónicos de un gran cuerpo -vuestra humanidad- que sólo pide crecer porque hasta ahora sólo ha atisbado un rayo de sol.
Tal como se manejan hoy en día, no podéis esperar gran cosa de ellas. El Pez se descompone por sí solo.
No hay necesidad de que lo ayudéis con actos de rebeldía. Que la firmeza de las resoluciones, el rechazo de la normalización y del adoctrinamiento se conviertan en vuestras mejores armas; así ayudarán a las viejas estructuras en su empresa de autoaniquilación.
¡Tended puentes, amigos! No temáis que la energía que os exhorto a desarrollar os conduzca a una situación de "marginalidad". Todos los caminantes hacia el Infinito son marginales en el sentido de que tienen la libertad en el corazón y el corazón en las yemas de los dedos. La marginalidad de la que os hablo no es económica ni social. Tiene el rostro de un Aliento capaz de abrir los espíritus con flexibilidad, de un Fuego que puede absorber las escorias de todos los antiguos braseros.
Sois marginales en cuanto decidís volver a vuestra verdadera morada, en cuanto habéis comprendido que ésta no os espera en algún lugar detrás de las estrellas o en el "más allá", sino por todas partes, en la amplitud y la pureza que podéis conferir a cada uno de vuestros actos.
En el margen, más atrás de todas las líneas trazadas, hay un gran espacio en blanco que espera a que lo alcancéis más intensamente. No inscribáis en él siquiera la palabra Amor, porque ya lo está, en filigrana. Sólo hay que reconocer su presencia y ayudarlo a irradiar de un modo que no sea la sucesión de términos. Las palabras se convierten a menudo en males y, si vuestro mundo todavía no puede prescindir de ellas, debéis saber que sus limitaciones las convierten en verdaderos "términos" para la expansión de la conciencia.
Si bebéis su significado, la reforma que debéis alimentar no se inmovilizará en sus moldes. Requiere una acción, un compromiso personal, aunque algunas filosofías mantengan que el acto es una ilusión más. No niego los buenos fundamentos de sus argumentos, pero os pongo en guardia contra los pretextos que pueden
proporcionar. Os lo digo: hay que saber aceptar jugar el juego de una gran ilusión para salir de una ilusión aún mayor. La forma transitoria de la materia y la energía pasajera de los actos por los cuales el ego se proyecta en ella son trampolines para el espíritu que despierta, oportunidades inauditas para abrir los ojos al Amor de mi Padre.
Mis hermanos y yo no esperamos de cada uno de vosotros grandes proyectos para edificar la "Nueva Era"; la función del entusiasmo, en el sentido literal de la palabra, no es engendrar la desmesura. Por el contrario, permite descubrir "otra razón", una medida más justa de cada cosa, según la cual cada parcela de Vida tiene la tarea prioritaria de volver a encontrar su lugar perfecto en el gran rompecabezas.
¡Cuidado con el misticismo desenfrenado! Es tan peligroso caer en sus redes como en las de una lógica estrecha y fría.
La era que se anuncia quiere constructores fuertes, hombres y mujeres que no teman "arriesgarse" a perder lo que la mayoría considera algo adquirido. Creedme: lo que habéis adquirido a menudo es la suma de lo que tenéis que desaprender.
Hace un momento os hablaba de hombres y mujeres fuertes y voluntariosos, amigos. Sin embargo, quiero insistir especialmente aquí en las mujeres, ya que están llamadas a desempeñar un papel decisivo en la gran mutación. Hoy en día, sus capacidades de adaptación resultan infinitamente superiores a las de los hombres.
También son más resueltas, en el sentido de que han desarrollado una visión más clara de las aberraciones actuales y de los remedios que se les puede poner. Ganímedes, el Vertedor de Agua, estará dotado de la energía del principio femenino. Eso será espectacular en su fase de estabilización, después del primer tercio de vuestro siglo xxI, aunque ya empezáis a percibir sus manifestaciones.
En realidad, es preferible hablar del principio femenino y no de la mujer como ser distinto y separado del hombre. Las dos polaridades de la Vida obran simultáneamente en cada uno de vosotros en diversos grados de manifestación. Mientras una duerme, la otra se siente estimulada por una llamada regulada por los ciclos de la Vida. En un plano cósmico, la alternancia de las corrientes de fuerza obedece a las mismas leyes. Por lo tanto, con el resurgimiento del aliento femenino, el Padre Celeste tomará progresivamente la apariencia de una Madre divina, prodigiosa generadora de galaxias en su amor inconmensurable.
Quiero haceros admitir esto a fin de que dejéis de alimentar también en este campo un aspecto de la dualidad, como niños que necesitan tomar puntos de referencia para sentirse seguros. La era que se anuncia ya no admitirá semejante puerilidad. En ella, descubriréis la felicidad cuando os conforméis al movimiento de la
Gran Péndola celeste. Ésta se dispone a emprender hoy mismo una larga carrera de receptividad... La creación, la progresión de cada ser hacia la Luz Infinita proceden también de la capacidad de absorción, de integración, de respeto de las fuerzas vivas del cosmos.
La acción creadora no es sólo asunto de proyección de uno mismo "hacia adelante", es decir de emisión.
Concebir esto es de una simplicidad infantil, tan infantil que os resulta difícil imaginar que se os lo repita otra vez... Y, sin embargo, vuestro reflejo de contracción todavía es tan importante que una vez más deseáis "imponer"; imponer vuestra Paz, vuestra justicia, vuestro orden, hasta vuestro Cristo... ¡Porque, en adelante, la cuestión se sitúa ahí, amigos, en torno a la recepción de la energía de Kristos! Ya no serán vuestro Jesús, vuestro Buda, vuestro Profeta quienes se van a manifestar, sino vuestra capacidad de recibir, de acoger su único principio: el Amor.
Le habéis dado nombres: Iman Maadi, Maitreya, Cristo, Quetzalcoatl, y otros más. Habéis esculpido su imagen en el secreto de vuestro corazón, o bien os encogéis de hombros al escuchar su nombre. Pero, si simplemente abrierais la mano.... no haría falta mucho más para que Él la tome.
Abrir la mano: ¡qué difícil resulta! No proyectarse en un hipotético futuro con un cargamento de deseos, sino prestar oído a lo que puede ser murmurado, Sin palabras, en el instante presente. Esa es una manera sencilla de abrir la mano.
¿Queréis saber a "qué" se va a parecer ese Cristo en quien ponéis todas vuestras esperanzas?
¡A todo lo que no podéis imaginar! ¡A todo lo que vuestros ojos aun no consiguen circunscribir! A todo lo que nunca sabrán delimitar. A toda Luz, salvo a la que es propiedad de una iglesia particular...
Dejadme deciros que primero aparecerá entre vosotros uno, y luego dos, y luego tres y más aún que se levantarán gritando: "Es a mí a quien esperáis". Y habrá hombres lo bastante sordos para escucharlos. Por fin surgirá otro, más hábil, que no se nombrará sino que se hará designar, un hombre con palabras teñidas de paz
y de gran poder, un ser capaz de subyugar y al que escucharán los gobiernos... ¡y al que quizá también vosotros escucharéis! Sin duda, hipnóticamente sacará de vosotros algo que se parece mucho al amor, ya que sabrá llevar a los hombres y mujeres hasta cierto punto..., pero, ¿os llevará, los llevará hasta el Encuentro?
Os dejo a vosotros el trabajo de responder. El Encuentro es el que se tiene con uno mismo. ¡Trivialidad, diréis, todos los libros lo dicen y los gurúes más mecanizados también lo proclaman! Lo repito precisamente porque se trata de una trivialidad, porque ya no es hora de que se perpetúe semejante vulgarización. El empobrecimiento de las verdades ya no es soportable para los seres de corazón.
Os lo digo: en ese caso, lo que llamáis el "encuentro con uno mismo" será el encuentro con el falsificador.
Entonces, os incitarán a colocaros tras él como tras un jefe de tropa. Existen treinta y seis mil maneras de reclutar ejércitos. El problema será que cada uno sepa en conciencia si realmente es importante reclutar un ejército, es decir, abrir la puerta a un nuevo condicionamiento. ¡Condicionar a los hombres a estar sin
condicionamientos! ¡La máxima trampa! Cuando el claroscuro se pone a adoptar el lenguaje de la Luz pura, hace falta algo más que vocabulario para no entrar en el callejón sin salida. Hace falta silencio, un poco de paciencia y mucha confianza. Sin embargo, siempre llega la hora en que el claroscuro cansa los ojos...
Entonces, no se puede sino mirar en su propio interior.
Para que así sea, no esperéis los síntomas de agotamiento, no esperéis un error más, como un violento bastonazo para devolveros al buen camino. Tomad la delantera.
¡En realidad, amigos, Aquél que viene realmente ha tomado la delantera porque ya está aquí! ¿No podéis distinguir su rostro? ¡No importa! Él conoce el vuestro hasta en sus menores arrugas. Simplemente sonreirá cuando "aquel que se hará designar" haya terminado su trabajo. Entonces, podréis devolverle la Luz que Él
difundía en vosotros como en un pozo aparentemente sin fondo.
¿Quiere decir eso que nunca veréis la silueta de un ser con el resplandor de Cristo? ¿Quiere decir que sólo recibiréis energía? Pero ¿qué significa ese "sólo energía"? También vosotros no sois más que energía. De hecho, sois sólo eso, es decir Todo eso, Todo...
¿Acaso quiero deciros que no debéis basar vuestra demanda y vuestra esperanza en este encuentro con una persona física que encarne a Cristo? El trabajo que tenéis que acometer en vuestro ser lo debéis hacer en función de vosotros mismos y de las múltiples e infinitas manifestaciones de la vida. Poned fin al condicionamiento de la recompensa, la de "ver un día a alguien". Es cierto que mi hermano Cristo tomará un hábito de carne y que millones de vosotros lo reconocerán. Pero eso no se producirá hasta que la propia carne, por la mutación de la conciencia que la anima, haya elevado en un grado su realidad vibratoria. Es decir que sois vosotros, individual y colectivamente, quienes tenéis que abrir la puerta de la Tierra de los Hombres al Ser Cristo, al Cristo de la historia de vuestro planeta, a aquel que, en definitiva, se ha hecho cargo de la instrucción de la humanidad.
Cuando los pies de un Ser así hallan un suelo como el vuestro, es señal de que algo se ha purificado hasta en la materia y que la Obra de la oscuridad se acaba en ella.
Os lo repito, no veáis en ello una "recompensa", sino la respuesta lógica al trabajo solar, consciente o inconsciente, de todos vosotros. Sea como fuere, sois vosotros quienes fijáis la hora de Su advenimiento y, más allá incluso de ese advenimiento, la hora del Encuentro. Sólo el cuerpo y el alma de vuestra humanidad pueden exclamar: "¡Estamos listos!". Pero, creedme: cuando se lance este grito, "la hora de estar en guardia" habrá dejado de sonar ya que cada uno, pese a las torpezas que su libertad le hará conocer aún, comprenderá la riqueza que surge de las diferencias y aprenderá la unidad en la multiplicidad.
No os anuncio el fin de un tiempo, amigos, ya que los finales carecen de interés. Soy sobre todo anunciador de la realidad y de la inminencia de un Comienzo. Por eso os invito a ser roturadores de la Vía, silenciosos si es necesario, orgullosos sin hinchar el pecho, pero decididos a pesar de los pesares, tanto en el pensamiento como en la acción.
La Felicidad y la Paz que sois capaces de construir ahora dependen de eso.
Algunos hablan de un ultimátum lanzado a la humanidad, pero la rudeza de semejante palabra no contiene amor. Por mi parte, os hablo de una Propuesta, sin duda la más bella, la más luminosa de todas las que habéis recibido. Os hablo de Amor, ya que es necesario que descubráis por fin ese Aliento cuyo recuerdo palpita en vosotros desde el origen de los Tiempos...
Os hablo de Amor más que de ninguna otra realidad con el fin de que, en la urgencia en que se encuentran vuestras heridas, ya no haya lugar para la duda.
Aquí termina verbalmente el mensaje que tenía que dirigiros. ¡Aquí empieza el vuestro!, pues ahora el mundo espera vuestra respuesta! Ojalá no archivéis estas frases como habéis hecho con tantas otras...
Sabéis que vuestra alegría no depende de ellas sino del regalo de cristal que os pueden ayudar a ofrecer a los hombres. No tengo mayor meta que la de hacer florecer en vosotros el motor, el portador de antorcha y el detonador de Paz.
Así pues, amigos, en toda verdad y más que nunca, el universo entero podrá llamaros en conciencia por el nombre de "hermanos"

Este libro fue digitalizado para distribución libre y gratuita a través de la red.
29 de Noviembre 2002 – 20:00
Título original: Par l’Esprit du Soleil
Traducción: Teresa Sans

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