sábado, 1 de abril de 2017

Libro el Yoga de Jesus Capitulo V (II Escrito) Como "Elevar al Hijo del Hombre" Al Estado de Conciencia Divina.


Capitulo V (II Escrito) Como "Elevar al Hijo del Hombre" al Estado de Conciencia Divina.
En los Evangelios, Jesús enfatiza una y otra vez el hecho de que todos pueden lograr aquello que él logró. El siguiente comentario que le hace a Nicodemo muestra de qué manera es posible:
“Y como Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga en él la vida eterna y no perezca”.
Jesús señala que cada hijo del hombre, cada conciencia corporal, debe elevarse del plano de los sentidos al reino astral revirtiendo la corriente de la fuerza vital que se dirige hacia el exterior, en dirección a la materia, con el fin de que ascienda por el conducto enrollado en forma de serpiente que se encuentra en la base de la espina dorsal: el hijo del hombre se eleva cuando esta fuerza serpentina asciende, “como Moisés elevó la serpiente en el desierto”.

Al igual que hizo Moisés, debemos reascender en el desierto espiritual de silencio donde cesaron todos sus deseos y elevó su alma a través del mismo sendero por el cual había descendido- desde la conciencia corporal a la conciencia de Dios. Como se explicó anteriormente, los cuerpos físico, astral y causal del ser humano están ligados entre sí y funcionan como uno solo debido al anudamiento de la fuerza vital y de la conciencia en los siete centros cerebroespinales. En el orden descendente, el último lazo es un nudo enrollado que se encuentra en la base de la columna vertebral, el cual impide el ascenso de la conciencia hacia el celestial reino astral.
A no ser que se conozca la manera de desatar este nudo de fuerzas astrales y físicas, la vida y la conciencia continúan siendo atraídas al reino mortal y fluyen hacia el exterior, hacia la conciencia del cuerpo y de los sentidos.
Al circular por el espacio, la mayor parte de la energía se mueve en forma helicoidal – un motivo ubicuo en la arquitectura microcósmica y microcósmica del universo-.
A partir de las nebulosas galácticas (que son la cuna cósmica de la cual surge toda la materia), la energía fluye describiendo diseños enrollados, circulares o vortiginosos. El patrón se repite en la danza orbital de los electrones alrededor del núcleo atómico y – como aparece citado en las escrituras hindúes de origen antiguo- en la de los planetas y los soles y los sistemas estelares que giran por el espacio en torno a un gran centro del universo.
Muchas galaxias tienen una configuración helicoidal, y otros incontables fenómenos de la naturaleza – plantas, animales, vientos y tormentas- evidencian, de modo similar, las invisibles espirales de energía que subyacen a su forma y su estructura. Así es la “fuerza serpentina” (kundalini) en el microcosmos del cuerpo humano: una corriente enrollada que se encuentra en la base de la espina dorsal, una poderosa dinamo de vida que, cuando se dirige hacia fuera, sostiene el cuerpo físico y la conciencia sensorial, y cuando se hace ascender conscientemente, abre las maravillas de los centros cerebroespinales astrales.
El alma, envuelta en las sutiles cubiertas de los cuerpos astral y causal, comienza su encarnación física en el momento de la concepción; es entonces cuando se inicia el desarrollo del cuerpo entero a partir de la célula seminal formada por la unión del espermatozoide con el óvulo. Así surgen los primeros vestigios del bulbo raquídeo, el cerebro y la médula espinal. Desde su sede primigenia en el bulbo, la energia vital inteligente del cuerpo astral fluye hacia abajo; activa, así, los poderes especializados de los chacras astrales cerebroespinales que originan y vitalizan la columna vertebral, el sistema nervioso y los demás órganos del cuerpo. Una vez finalizada su tarea de creación del cuerpo, la fuerza vital primaria descansa en un conducto enrollado que se encuentra en el centro más bajo, el coccígeo. La configuración espiralaza de este centro astral es lo que da a la energía vital allí presente el nombre de kundalini o fuerza serpentina (del sánscrito kundala, “enrollada”).
Cuando ha completado su obra creativa, la concentración de fuerza vital de este centro recibe el nombre de kundalinii “adormecida”, porque al fluir en sentido centrífugo hacia el cuerpo, en su continua tarea de vitalización del área física de los sentidos – que incluye la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, así como la fuerza creativa física de naturaleza sexual, ligada a lo terreno -, ocasiona una fuerte identificación de la conciencia con los sueños ilusorios de los sentidos y su campo de acción: las actividades y los deseos. Moisés, Jesús y los yoghis hindúes conocían el secreto de la vida espiritual científica. Demostraron, con unanimidad, que todos aquellos cuya mente aún se encuentra atada a lo físico deben dominar el arte de elevar la fuerza serpentina de la conciencia corporal sensoria a fín de dar los primeros pasos en su camino interior de regreso al Espíritu. Todos los santos que han alcanzado la conciencia de Dios, sea cual sea su religión, han logrado, en efecto, retirar la conciencia y la fuerza vital de las regiones sensoriales para hacerlas ascender por el conducto y los plexos espinales hasta llegar al centro de la conciencia divina situado en el cerebro y, desde allí, al Espíritu omnipresente.
Cuando nos hallamos sentados en calma y en silencio, logramos aquietar parcialmente la fuerza vital que fluye hacia fuera en dirección a los nervios, al haberla retirado de los músculos; en ese momento, el cuerpo se encuentra relajado. Sin embargo, esta paz se ve fácilmente perturbada por la llegada de cualquier sonido o sensación, debido a que la energía vital que continúa fluyendo hacia el exterior a través del sendero enrollado mantiene los sentidos en funcionamiento.
Durante el sueño, las fuerzas vitales astrales se retiran no sólo de los músculos, sino también de los instrumentos sensoriales. Cada noche, todo ser humano consigue el recogimiento físico de la fuerza vital – si bien este proceso se realiza de manera inconsciente -: la energía y la conciencia presentes en el cuerpo se retiran a la región del corazón, de la columna vertebral y del cerebro, para aportar al hombre la paz rejuvenecedora que proviene del contacto subconsciente con la dinamo divina de todos los poderes humanos: el alma. ¿Por qué el hombre siente gozo durante el sueño? Porque al encontrarse en el estado de sueño profundo, libre de actividad onírica y sin conciencia del cuerpo, las limitaciones físicas se olvidan y la mente establece contacto por un tiempo con una conciencia superior. El yogui conoce el arte científico de retirar la energía en forma consciente de los nervios sensoriales, de modo que ninguna perturbación externavisual, auditiva, táctil, gustativa u olfativa- se introduzca en el santuario interior de su meditación saturada de paz. Los soldados apostados durante días en las líneas del frente pueden quedar sumidos en el sueño a pesar del fragor incesante de la batalla, debido al mecanismo corporal por el cual la energía se retira inconscientemente de los oídos y demás órganos sensoriales. El yogui razona que este proceso se puede llevar a cabo de manera consciente. Mediante el conocimiento y aplicación de determinadas leyes y técnicas científicas de concentración, los yoghis desconectan a voluntad los sentidos. Atraviesan, de este modo, los umbrales del sueño subconsciente hasta llegar a las regiones del gozoso recogimiento supraconsciente.

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